¿Cómo suelen ser esos pretendidos
alienígenas?. Generalmente su estructura anatómica es esencialmente humana, o
bien humanoide aunque modelada con ligeras variables referentes al color (suelen
ser verdes), tamaño de la cabeza (muy grande, pues son “muy inteligentes”) y
demás accesorios: antenas, trompetas y demás arsenal que nos ha ido
suministrando el mundo de los comics. Pero los autores de ficción científica no
se quedan atrás: ¿porqué siempre se les supone una anatómica humanoide o
protohumanoide como el muñeco de Rosswell?

Es inmensa la cantidad de azares que han intervenido a través de la historia
biológica para la configuración del cuerpo humano: de los peces a los reptiles,
de estos a los mamíferos, dentro de estos los roedores, los plesiadapiformes,
los adápidos, los omómidos, los lemúridos, los prosimios, procónsul, homínidos,
homo.. Resultado de un contínuo desarrollo y desplazamiento de medios,
impulsados por cambios climáticos y glaciaciones, por modificaciones de hábitats
y generación de nuevos: de los Océanos a la Tierra firme y dentro de esta a los
árboles de los Bosques, y de estos a las Sabanas... Es una historia singular e
irrepetible, incluso en el difícil caso de que en nuestro mismo planeta se
volvieran a reproducir procesos consecutivos.
Por eso me llevo las manos a la cabeza cuando advierto que fenómenos
contingentes y singulares adquieren en manos de estos divulgadores ufólogos un
plúrito de universalidad. La naturaleza, según ellos, tiene en todas partes y en
todos los tiempos la natural tendencia a construir seres humanos o similares.
Hemos de atribuirlo a la escasa imaginación o a la poca formación científica de
los autores de ficción científica y a ambas cosas a la vez, unidas a prejuicios
antropocéntricos rayanos en la demencia teológica. Si hacen uso de la
imaginación, por lo menos lo que podían hacer es instrumentarla creativamente,
que recurran con más asiduidad al arsenal de la ciencia que al de la teología y
el animismo. Me sitúo en el bando de los incrédulos, pues no hay motivo alguno
para suponer la existencia de vida extraterrestre, pero una vez puestos en el
fantaseo, podemos imaginar muchas cosas.

La ficción científica se encuentra atrapada en los paradigmas geocéntricos;
en cierto modo el pensamiento de los autores de ciencia ficción siguen siendo
mentalmente ptolemáicos, no han captado aún la importancia del giro copernicano
y en tal sentido no escapan a los parámetros terrícolas. Nuestro sistema solar
ha formado dos grupos de planetas, los interiores de superficie sólida
(Mercurio, Venus, La Tierra y Marte) y los exteriores, grandes masas de gas
(Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno), la vida que conocemos se ha generado en un
planeta de superficie sólida y líquida, se ha formado a partir del agua en
estado líquido, nuestras estructuras vivientes son gelatinosas, semisólidas y
semilíquidas cierto, pero, ¿no se puede imaginar (ojo, digo imaginar, no que
vaya a ser cierto o incluso a poder ser cierto) la posibilidad de que emerjan
formas de vida en estado gaseoso en aquellos mundos cuya elevada temperatura
impida la formación de agua en estado líquido, algo así como nubes animadas
(incluso pensantes) o la existencia de estructuras auto-replicativas que no se
basen en la doble hélice de ADN, en los veinte aminoácidos básicos, o en la
química del carbono sino la del silicio?

Isaac Asimov hizo en este sentido auténticos ejercicios de imaginación con
base científica. A la pregunta de cómo habría de ser un marciano, en el sentido
literal de habitante de Marte, no hablaba de hombrecillos verdes ni demás
chapuzas de la imaginación (más bien falta de imaginación) de los iluminados
abducidos, sino un auténtico ejercicio de probabilidades teniendo en cuenta un
conjunto de variables fundamentales como la masa del planeta Marte, la fuerza de
atracción gravitatoria, sus ciclos de rotación y traslación, las temperaturas,
los compuestos químicos existentes, etc. si se hace una especulación, lo menos
que cabe esperar es que se haga correctamente.

Pero nos encontramos con
cada producción sobre extraterrestres que la verdad es que más que en el género
de ciencia ficción se las podría encasillar en otros géneros. Como exponente
máximo de cine religioso/extraterrestre nos encontramos con la película ET (un
reptil humanoide), que más que una película de extraterrestres, lo que parece es
una versión yanqui y bastante babosa de la nacional y relamida “Marcelino, Pan y
Vino”. Pero antes de los marcianos místicos y angelicales el turno correspondió
a los marcianos de guerra fría como los de “La Guerra de los Mundos”, “V”,
“Independence Day” , auténticos soldados de Hitler o Stalin dispuestos, con
total frialdad, a exterminar a toda la humanidad. Pero la paranoia de Guerra
Fría llegaba aún más lejos, los enemigos no tenían porqué venir forzosamente del
exterior en sus sofisticadas naves, podían también infiltrarse, y al abrigo
ideológico de la caza de brujas y el maccarthismo, aparecieron películas como
“La Invasión de los ladrones de cuerpos” en una primera versión y en una
posterior llamada “La Invasión de los Ultracuerpos”, donde los extraterrestres
arrojaban unas esporas que, en contacto directo con los cuerpos humanos, tenían
la propiedad de duplicarlos a medida que iban succionando los originales. Sin
embargo, era posible identificarlos al ser seres que no mostraban la menor
emotividad, fríos y calculadores, exactamente iguales a los comunistas de las
películas de guerra fría ; y en otras, como la serie de los años sesenta “Los
Invasores”, los extraterrestres tenían cuerpos humanos, también se infiltraban,
pero algo los delataba, su dedo meñique no se plegaba en los apretones de manos
y se les podía detectar exactamente igual que a los masones, que se dan a
conocer mediante un saludo similar (introduciendo dos dedos bajo la palma de la
mano), toda una conspiración judeo-masónica.

Pero no todos los visitantes tenían porqué ser invasores ni albergar ansias
colonialistas, y de ese modo nacía otro subgénero, el de los extraterrestres
menesterosos y apátridas, exiliados políticos o espaldas mojadas, que se dirigen
a la Tierra en busca de un lugar para vivir una vez que su Planeta originario se
encuentra al borde de la muerte ecológica (si no extinguido) o que sus
adversarios interplanetarios se han apoderado del suyo, como es el caso de
“Alien Nation”. Al socaire de lo dicho es fácil observar que los extraterrestres
del cine no andan muy lejos de la Tierra, en vista a que han sido construídos en
sintonía con los miedos y tensiones emanados del clima político y económico de
cada época.
La estrechez de miras y la generalización son los clásicos
mecanismos ideo¬lógicos que intervienen en la elevación a mito de lo inmediato;
La extrapolación de las formas y magnitudes de lo conocido para iden¬tificar lo
que no se conoce entra más en la esfera de las mitologías y de las religiones
que en el ámbito de lo propia¬mente científico. El biólogo norteamericano
Stephen Jay Gould, pese a que se pronuncia favorablemente a la posibilidad de
vida extraterrestre inteligente, hace en relación a las novelas y películas de
ficción la siguiente observación:

Los físicos, siguiendo el
estereotipo de la ciencia como empresa previsible y determinista, a menudo han
planteado que si los seres humanos surgieron sobre la Tierra, debemos inferir
(dado que las causas llevan inevitablemente a los efectos) que en cualquier
planeta que iniciara su historia con unas condiciones físicas y químicas
similares a aquellas que se dieron en la Tierra primigenia deberían de surgir
criaturas inteligentes de forma humanoide. Tal vez esta perspectiva determinista
sea la responsable de la limitada imaginación de los cineastas y los escritores
de ciencia-ficción, con su inacabable colección de criaturas diseñadas todas con
un modelo humano, con dos ojos, nariz, dos brazos y dos piernas.

Ojos para ver, oídos para oír ... ni siquiera las estructuras vivientes de la
Tierra reproducen al pié de la letra dichos modelos. Los murciélagos, sin ir más
lejos, se valen de los oídos no para oír sino para ver. Al fin y al cabo, los
órganos de los sentidos (físicos) son receptores de espectros de ondas. ¿porqué
van a ser ciegos los murciélagos?. Su sofisticado sistema de ecolocalización les
permite percibir el menor obstáculo, las formas aunque no los colores. El sonido
que emiten mediante chasquidos desempeña el papel de una linterna acústica
incorporada a su organismo. Los murciélagos realmente pueden “ver” aunque para
ello no necesitan de los ojos, su cerebro ha de interpretar el choque de ondas
sonoras como una sensación similar a la de ver. La moderna tecnología ha
renunciado en gran parte a la óptica para visualizar objetos fuera del alcance
de la vista: así la técnica ecotomográfica, cuyos fundamentos son idénticos a
los de la ecolocalización de murciélagos y cetáceos, se usa para visionar
órganos internos, también tenemos la resonancia magnética o el radiotelescopio,
basados en la emisión de ondas magnéticas. Y si no todos los seres vivos de este
planeta cuentan con los mismos sistemas de conexión con el entorno, ¿porqué esa
similitud entre hipotéticos seres extraterrestres?.
Pero cuando empiezan
a colmar el colmo de los colmos es desde el mismo momento en que vemos en esas
películas de extraterrestres cómo hablan perfectamente el inglés (aunque
nosotros lo escuchamos doblado al castellano). En nuestro planeta es ya bien
difícil seleccionar al azar, entre los seis mil millones de sus moradores, a una
persona que hable tu mismo idioma. Pues no digamos lo que sería en el espacio
exterior encontrar a un extraterrestre, no solo humanoide, sino que también
hable a la perfección el idioma imperial terráqueo.