miércoles, 24 de octubre de 2012

¿Humanización de la sexualidad?


No entiendo muy bien qué ha querido decir el Papa cuando habla de humanización de la sexualidad.

En principio es, como otras muchas frases del Papa, una frase con pretensiones pero profundamente hueca, absurda y sin contenido. Daría el mismo efecto aludir a la humanización de la respiración, de la nutrición y digestión. Las funciones fisiológicas del reino animal se basan en idénticos principios.

Pero a lo que se refiere el Papa es al uso del preservativo como algo que, al parecer, deshumaniza o animaliza a la persona. Desconozco la existencia de especie animal alguna que utilice frecuentemente el preservativo como medio anticonceptivo, como igualmente desconozco alguna otra que adopte medidas de forma consciente contra el contagio de enfermedades venéreas, previa a la realización del acto sexual.

Precisamente el uso del preservativo o de cualquier otro medio anticonceptivo es un síntoma de humanización, de empleo consciente de utensilios para un fin determinado como rasgo definitorio del homo sapiens.

Si tuviéramos que empezar a desmitificar habría que entrar en su propia casa, la Iglesia Católica (como cualquier otra, pero como hablamos específicamente del Papa me refiero a ella) y a sus múltiples fetiches. Ya Feuerbach decía que para rescatar al hombre, su humanidad, era preciso desterrar la divinidad misma como expropiadora de la condición humana.

El sexo no encierra misterios místicos, es una faceta de nuestra realidad existencial y no entiendo por qué no va a ser legítimo como medio de búsqueda del placer y satisfacción del deseo, algo que no considero criticable en absoluto si ambas partes obtienen un provecho recíproco. ¡Cómo cambia la Iglesia Católica en la apreciación de las cosas! El sexo siempre había sido objeto de estigmatización por ser pecado y ahora resulta ser un medio privilegiado de comunicación aunque dentro de un orden, previa bendición eclesiástica de una promesa de eterna monogamia.

Del mismo modo que el empleo de la herramienta en el trabajo y en nuestra actividad cotidiana, como todo acto que implique previsión y anticipación al futuro, es un síntoma de humanización puesto que implica liberarse de los límites a los que nos sujeta nuestra mera condición biológica, en empleo de preservativos y otros medios anticonceptivos se enmarca en la humanización de la sexualidad en tanto que nos hace libres de elegir cuando queremos tener descendencia y cuando no. El preservativo es profundamente humano, nos libera de contraer enfermedades infecciosas y nos permite vivir sin riesgos.

La cultura y la tecnociencia, caracteres humanos, nos hacen alcanzar aún mas metas, desligando la reproducción de la sexualidad. Gracias a las técnicas de reproducción asistida y de fecundación "in vitro" el hombre puede rebelarse, mediante la ciencia, contra la esterilidad y todo eso es progreso, es humanización en el pleno sentido de su palabra.

El Papa no quiere humanizar la sexualidad, la quiere teologizar, sujetarla a trabas, prejuicios y principios de orden religioso.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Del Amor o de como la bioquímica se convierte en misticismo


Se suele confundir la pregunta ¿Qué es el amor? con esta otra ¿cómo te sientes cuando te enamoras? que no son lo mismo. Con este tema derivamos nuevamente a la diferencia entre la perspectiva etic y emic tan usada en antropología para distinguir entre la descripción del ritual vista por el observador externo y la de quien es partícipe de ese mismo ritual. Evidentemente, quien se dedica a escribir  poesías y escuchar música de rollo y precalentamiento junto a su pareja u objeto deseado no logrará desde su perspectiva contestar a la primera pregunta. Y, lo siento, para explicar el amor hay que recurrir a hormonas (la oxitocina, en este caso) y a las áreas del cerebro que lo regulan. No estoy hablando de sexo, pues la excitación va por otras glándulas más ligadas al apetito y a la satisfacción del placer y que tienen más connotaciones digestivas, por tanto. 

Incluso la estructura misma de los celos ha sido modelada por la selección natural. Los celos del hombre se centran en la infidelidad carnal de la mujer, que haya tenido sexo con otro hombre, mientras que los de la mujer, en la infidelidad emocional de su compañero. Ello se debe a que el éxito biológico del macho reside en garantizar que se perpetúen sus genes antes que los de un competidor, y en la hembra, a encontrar un núcleo estable de convivencia con el macho que le asegure la procreación y crianza de los hijos.
  
El amor como sentimiento se puede describir con muchas palabras cursis o leyendo muchas poesías, novelas rosas o viendo muchos culebrones o escuchando tonadillas y boleros, pero el proceso en sí mismo sólo es explicable en términos científicos, por muy fríos y duros que nos parezcan

 Parece que hemos derivado el tema del amor de lo científico a lo religioso, como un dilema entre creer o no creer. En el amor no se cree, más bien se experimenta y eso es algo que nos toca a todos como humanos que somos. El mismo dicho "el amor es ciego" ya es bastante expresivo de lo que estamos hablando: de una emoción muy intensa que anula o inhibe la parte racional del cerebro. En efecto, tenemos dos cerebros, dos hemisferios, y dos puertos paralelos, el analítico, racional, matemático, y el pasional, donde se alojan las emociones y los sentimientos, la simpatía, la empatía, el amor, el odio ... ¿Significa que seamos una cosa u otra? No, por supuesto, somos las dos, una síntesis de ambas.

Pero cuando se aborda un tema de este tipo caben tambien las dos opciones, los dos enfoques, el poético-místico e irracional y el científico, desapasionado, analítico y racional. Prefiero centrarme en esta perspectiva, más que nada por la naturaleza de la regunta y situarme, en la medida de mis posibilidades y evitando las interferencias del otro lado, como espectador frío y desapasionado, o bien, provisto de una única pasión, la del conocimiento de la realidad que siempre es fascinante por definición. El caso es que el tema se ha estudiado con distintos medios y lo que queda fuera de toda discusión es que el amor no reside en el corazón que, a fin de cuentas sólo es una válvula que bombea la sangre sino en el cerebro, y que el romance se desarrolla en la parte derecha del cerebro y el atractivo en la izquierda.

Dos zonas del el cerebro son centrales en el enamoramiento: el área derecha tegmental ventral o VTA y el cuerpo caudal dorsal, de modo que, como dice Helen Fisher, el colocón del enamorado lo producen las sustancias que fabrica su cerebro: el alto nivel de norepinefrina, que produce euforia y pérdida del apetito; el bajo nivel de serotonina tiene que ver con la obsesión de estar con el amado.

En cuanto al objeto amado o deseado puede variar según los casos e intervenir el efecto sustitución derivándolo de lo humano a lo divino. Los éxtasis místicos de Santa Teresa expresan una síntesis muy curiosa entre el apetito libidinoso reprimido y la pasión hacia los entes místicos. La represión activa los mecanismos de sublimación y, con estos, el éxtasis. 

Otra cuestión,sería el tema del odio, es la proximidad de ambos sentimientos que es tal que precisamente la misma área del cerebro que regula el amor es la que se encarga de regular el odio. En fin, que direis que amar es no tener que decir lo siento y cosas de esas por el estilo como los poemas de Pablo Neruda e incluso en mi pasión por la música encuentro  esas mismas áreas cerebrales y acción de neurotransmisores, pero al escuchar a Mozart no pienso en esas cosas, sólo percibo su música y con eso es suficiente.

martes, 28 de agosto de 2012

A vueltas con los alienígenas, un intento de aproximación racionalista


¿Cómo suelen ser esos pretendidos alienígenas?. Generalmente su estructura anatómica es esencialmente humana, o bien humanoide aunque modelada con ligeras variables referentes al color (suelen ser verdes), tamaño de la cabeza (muy grande, pues son “muy inteligentes”) y demás accesorios: antenas, trompetas y demás arsenal que nos ha ido suministrando el mundo de los comics. Pero los autores de ficción científica no se quedan atrás: ¿porqué siempre se les supone una  anatómica humanoide o protohumanoide como el muñeco de Rosswell? 

Es inmensa la cantidad de azares que han intervenido a través de la historia biológica para la configuración del cuerpo humano: de los peces a los reptiles, de estos a los mamíferos, dentro de estos los roedores, los plesiadapiformes, los adápidos, los omómidos,  los lemúridos, los prosimios, procónsul, homínidos, homo.. Resultado de un contínuo desarrollo y desplazamiento de medios, impulsados por cambios climáticos y glaciaciones, por modificaciones de hábitats y generación de nuevos: de los Océanos a la Tierra firme y dentro de esta a los árboles de los Bosques, y de estos a las Sabanas... Es una historia singular e irrepetible, incluso en el difícil caso de que en nuestro mismo planeta se volvieran a reproducir procesos consecutivos.
Por eso me llevo las manos a la cabeza cuando advierto que fenómenos contingentes y singulares adquieren en manos de estos divulgadores ufólogos un plúrito de universalidad. La naturaleza, según ellos, tiene en todas partes y en todos los tiempos la natural tendencia a construir seres humanos o similares. Hemos de atribuirlo a la escasa imaginación o a la poca formación científica  de los autores de ficción científica y a ambas cosas a la vez,  unidas a prejuicios antropocéntricos rayanos en la demencia teológica. Si hacen uso de la imaginación, por lo menos lo que podían hacer es instrumentarla creativamente, que recurran con más asiduidad al arsenal de la ciencia que al de la teología y el animismo. Me sitúo en el bando de los incrédulos, pues no hay motivo alguno para suponer la existencia de vida extraterrestre, pero una vez puestos en el fantaseo, podemos imaginar muchas cosas.

La ficción científica se encuentra atrapada en los paradigmas geocéntricos; en cierto modo el pensamiento de los autores de ciencia ficción siguen siendo mentalmente ptolemáicos, no han captado aún la importancia del giro copernicano y en tal sentido no escapan a los parámetros terrícolas. Nuestro sistema solar ha formado dos grupos de planetas, los interiores de superficie sólida (Mercurio, Venus, La Tierra y Marte) y los exteriores, grandes masas de gas (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno), la vida que conocemos se ha generado en un planeta de superficie sólida y líquida, se ha formado a partir del agua en estado líquido, nuestras estructuras vivientes son gelatinosas, semisólidas y semilíquidas cierto, pero, ¿no se puede imaginar (ojo, digo imaginar, no que vaya a ser cierto o incluso a poder ser cierto) la posibilidad de que emerjan formas de vida en estado gaseoso en aquellos mundos cuya elevada temperatura impida la formación de agua en estado líquido, algo así como nubes animadas (incluso pensantes) o la existencia de estructuras auto-replicativas que no se basen en la doble hélice de ADN, en los veinte aminoácidos básicos, o en la química del carbono sino la del silicio?

Isaac Asimov hizo en este sentido auténticos ejercicios de imaginación con base científica. A la pregunta de cómo habría de ser un marciano, en el sentido literal de habitante de Marte, no hablaba de hombrecillos verdes ni demás chapuzas de la imaginación (más bien falta de imaginación) de los iluminados abducidos, sino un auténtico ejercicio de probabilidades teniendo en cuenta un conjunto de variables fundamentales como la masa del planeta Marte, la fuerza de atracción gravitatoria, sus ciclos de rotación y traslación, las temperaturas, los compuestos químicos existentes, etc. si se hace una especulación, lo menos que cabe esperar es que se haga correctamente.

Pero nos encontramos con cada producción sobre extraterrestres que la verdad es que más que en el género de ciencia ficción se las podría encasillar en otros géneros. Como exponente máximo de cine religioso/extraterrestre nos encontramos con la película ET (un reptil humanoide), que más que una película de extraterrestres, lo que parece es una versión yanqui y bastante babosa de la nacional y relamida “Marcelino, Pan y Vino”. Pero antes de los marcianos místicos y angelicales el turno correspondió a los marcianos de guerra fría como los de “La Guerra de los Mundos”, “V”, “Independence Day” , auténticos soldados de Hitler o Stalin dispuestos, con total frialdad, a exterminar a toda la humanidad. Pero la paranoia de Guerra Fría llegaba aún más lejos, los enemigos no tenían porqué venir forzosamente del exterior en sus sofisticadas naves, podían también infiltrarse, y al abrigo ideológico de la caza de brujas y el maccarthismo, aparecieron películas como “La Invasión de los ladrones de cuerpos” en una primera versión y en una posterior llamada “La Invasión de los Ultracuerpos”, donde los extraterrestres arrojaban unas esporas que, en contacto directo con los cuerpos humanos, tenían la propiedad de duplicarlos a medida que iban succionando los originales. Sin embargo, era posible identificarlos al ser seres que no mostraban la menor emotividad, fríos y calculadores, exactamente iguales a los comunistas de las películas de guerra fría  ; y en otras, como la serie de los años sesenta “Los Invasores”, los extraterrestres tenían cuerpos humanos, también se infiltraban, pero algo los delataba, su dedo meñique no se plegaba en los apretones de manos y se les podía detectar exactamente igual que a los masones, que se dan a conocer mediante un saludo similar (introduciendo dos dedos bajo la palma de la mano), toda una conspiración judeo-masónica.

Pero no todos los visitantes tenían porqué ser invasores ni albergar ansias colonialistas, y de ese modo nacía otro subgénero, el de los extraterrestres menesterosos y apátridas, exiliados políticos o espaldas mojadas, que se dirigen a la Tierra en busca de un lugar para vivir una vez que su Planeta originario se encuentra al borde de la muerte ecológica (si no extinguido) o que sus adversarios interplanetarios se han apoderado del suyo, como es el caso de “Alien Nation”. Al socaire de lo dicho es fácil observar que los extraterrestres del cine no andan muy lejos de la Tierra, en vista a que han sido construídos en sintonía con los miedos y tensiones emanados del clima político y económico de cada época.

La estrechez de miras y la generalización son los clásicos mecanismos ideo¬lógicos que intervienen en la elevación a mito de lo inmediato; La extrapolación de las formas y magnitudes de lo conocido para iden¬tificar lo que no se conoce entra más en la esfera de las mitologías y de las religiones que en el ámbito de lo propia¬mente científico. El biólogo norteamericano Stephen Jay Gould, pese a que se pronuncia favorablemente a la posibilidad de vida extraterrestre inteligente, hace en relación a las novelas y películas de ficción la siguiente observación:

Los físicos, siguiendo el estereotipo de la ciencia como empresa previsible y determinista, a menudo han planteado que si los seres humanos surgieron sobre la Tierra, debemos inferir (dado que las causas llevan inevitablemente a los efectos) que en cualquier planeta que iniciara su historia con unas condiciones físicas y químicas similares a aquellas que se dieron en la Tierra primigenia deberían de surgir criaturas inteligentes de forma humanoide. Tal vez esta perspectiva determinista sea la responsable de la limitada imaginación de los cineastas y los escritores de ciencia-ficción, con su inacabable colección de criaturas diseñadas todas con un modelo humano, con dos ojos, nariz, dos brazos y dos piernas.

Ojos para ver, oídos para oír ... ni siquiera las estructuras vivientes de la Tierra reproducen al pié de la letra dichos modelos. Los murciélagos, sin ir más lejos, se valen de los oídos no para oír sino para ver. Al fin y al cabo, los órganos de los sentidos (físicos) son receptores de espectros de ondas. ¿porqué van a ser ciegos los murciélagos?. Su sofisticado sistema de ecolocalización les permite percibir el menor obstáculo, las formas aunque no los colores. El sonido que emiten mediante chasquidos desempeña el papel de una linterna acústica incorporada a su organismo. Los murciélagos realmente pueden “ver” aunque para ello no necesitan de los ojos, su cerebro ha de interpretar el choque de ondas sonoras como una sensación similar a la de ver. La moderna tecnología ha renunciado en gran parte a la óptica para visualizar objetos fuera del alcance de la vista: así la técnica ecotomográfica, cuyos fundamentos son idénticos a los de la ecolocalización de murciélagos y cetáceos, se usa para visionar órganos internos, también tenemos la resonancia magnética o el radiotelescopio, basados en la emisión de ondas magnéticas. Y si no todos los seres vivos de este planeta cuentan con los mismos sistemas de conexión con el entorno, ¿porqué esa similitud entre hipotéticos seres extraterrestres?.

 Pero cuando empiezan a colmar el colmo de los colmos es desde el mismo momento en que vemos en esas películas de extraterrestres cómo hablan perfectamente el inglés (aunque nosotros lo escuchamos doblado al castellano). En nuestro planeta es ya bien difícil seleccionar al azar, entre los seis mil millones de sus moradores, a una persona que hable tu mismo idioma. Pues no digamos lo que sería en el espacio exterior encontrar a un extraterrestre, no solo humanoide, sino que también hable a la perfección el idioma imperial terráqueo.

viernes, 29 de junio de 2012

El Fútbol


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Resulta muy fácil criticar, desde una postura elitista e intelectualista, los fenómenos de masas como fenómenos de alienación y embrutecimiento colectivo. Lo que no se puede esperar en modo alguno es que las masas, tras su monótona y gris semana laboral, se encierren en las bibliotecas a leer atentamente la Crítica de la Razón Pura de Kant, los Diálogos de Platón o el Ulises de Joyce o que deleiten su espíritu en la sala de conciertos mientras escuchan la Incompleta de Schubert o la Sinfonía Heroica de Beethoven. Como vengo afirmando reiteradamente, toda estructura represiva precisa de una transgresión a su justa medida.


La transgresión regulada tiene muchos nombres: evasión de la realidad, entretenimiento, ocio, diversión o espectáculo. La transgresión en cierto modo nos ayuda a vivir.  El hecho de que el Capital haya convertido o integrado la transgresión como negocio y fuente de pingües beneficios no invalida el hecho sustancial de que los grandes espectáculos de masas, y en particular los deportivos, sean parte esencial de la existencia humana. Incluso el hecho mismo de que el fútbol, como transgresión identitarizadora, intervenga como un agente activo en la construcción e intensificación del sentido identitario de pertenencia a la nación, no nos puede hacer pensar que su ausencia fuera a remediar esta situación: son muchas las bazas y los repuestos que tiene el nacionalismo a su alcance. Aparte de las funciones especificadas, el fútbol, como cualquier otro espectáculo deportivo de evasión,  ha desempeñado un papel crucial como nexo bio-social, como punto de intersección imaginario entre nuestra animalidad y nuestra culturalidad o, simplemente, como forma de transgresión-regresión a nuestros componentes instintivos más primarios. Tampoco tiene porqué ser criticable la tendencia a la regresión a la animalidad. Es, más bien, inevitable: cuanto más intensas sean las tentativas civilizatorias de una sociedad, con tanta más fuerza surgirán esas tendencias regresivas-transgresoras.

Unos grupos de humanos se enfrentan a otros. Ambos se encuentran  desprovistos de artilugios y otros artefactos técnicos que no sean unas botas y un balón de reglamento. Se prohíbe el uso de las manos, de esos órganos prensiles que tan necesarios nos son en la vida cotidiana y que tan decisivo papel desempeñaron en nuestro proceso de hominización. Es como si se penalizaran las facultades orgánicas que en su momento conectaron a homo sapiens con la cultura. Cada equipo cuenta exclusivamente con dos órganos prensiles, los del respectivo guardameta. Solo se juega con las piernas y con los pies, se activan los músculos de la marcha, la carrera, el salto. Solo vale la patada y el cabezazo, la persecución de un objeto  al que no se le puede retener ni tocar, solo golpear con el pie. Pese a que las distintas  trayectorias seguidas por el balón obedecen a las patadas y cabezazos de los jugadores, este se comporta casi como un objeto de la naturaleza que, sujeto a dos sistemas de trayectoria opuestos, adquiere su propia autonomía como un ser vivo difícil de dominar y darle caza.
  
Representación Improvisada e Improvisación Representada

La Representación Convencional (Sin Improvisación): Lo que caracteriza a la música y al teatro es su cualidad de representaciones creadas y producidas con anterioridad a su puesta en escena, a su conversión en espectáculo. Los actores y los intérpretes han de limitarse a conocer el papel, el texto y la partitura. El autor-creador ya no está en la escena, incluso puede haber muerto hace mucho tiempo. Los intérpretes se limitan a reproducir la obra fielmente. de ellos solo puede esperarse su capacidad de reproducción técnica y su expresividad artística aunque nunca saliéndose de los marcos y formas que dirigen la estructura general de la obra. Los actores se meten en el papel, los intérpretes se ajustan a los compases de la partitura. El margen de improvisación permitido en este caso es mínimo, el que pueda resultar de la voluntad del creador o del especial virtuosismo del intérprete. La música, sin embargo, puede fabricarse sin creador, en el sentido de que el intérprete puede hacer las veces de intérprete y creador al mismo tiempo. La música instrumental oriental no obedece al mismo esquema que la de occidente. el intérprete puede improvisar durante horas sobre la base de unos acordes y unos compases. existe un género, como el Jazz, basado enteramente en la improvisación

La Representación Improvisada Vemos que el teatro en todo caso lo que hace es imitar a la vida, reproduciendo aspectos de la vida congelados. La Antígona de Sófocles se ha reproducido cientos de miles de veces y se reproducirá otros tantos cientos de miles sin que se llegue a variar ni una sola coma del argumento. Jamás veremos dos competiciones de baloncesto, boxeo o golf idénticas. La especificidad del deporte, de la competición deportiva, en calidad de juego-espectáculo, radica en la puesta en escena de un género de representación que incorpora a un mismo tiempo la aleatoriedad o incertidumbre y la creación escénica con base a unas reglas. La primera regla la establece el marco general bajo el que se desenvuelve, el escenario propiamente dicho. El tipo de competición deportiva que enfrenta dos rivales en el campo, pista, ring, etc se nos presenta como una síntesis dialéctica cuya unidad es la resultante del diferente juego de los adversarios, de la conjunción de estrategias dispares, de sus acciones y de sus correlativas reacciones, de los sistemas de defensa y de los de ataque correspondientes. La competición deportiva es todo un campo de prueba de habilidad, de  táctica y de estrategia. Pone en juego los reflejos y  la capacidad de respuesta, el ingenio y la capacidad de improvisación, del engaño así como de la capacidad de o dejarse engañar, de la resistencia y de la maniobra de desgaste. Se trata de toda una puesta en escena de la práctica intelectual y material humana, de su juego por la supervivencia, de las inexorables leyes del azar y de la necesidad, de las reglas que impone la vida, de la técnica como medio de sortear el azar y la incertidumbre, de una técnica que nunca impone la primacía porque a lo que ha de enfrentarse es a otra técnica que puede ser desconocida para el adversario, explotar el factor sorpresa, jugar al despiste, al agotamiento del contrario... todo está en el juego. Lógicamente todos estos elementos lo convierten en un impulsor y propagador de primer orden de pasiones y emociones humanas.

 La representación improvisada ocupa su lugar como espacio limitado de transgresión de una sociedad civil que, definida y constituida en un principio como participativa, ha acabado amputando de sí misma las formas y mecanismos de participación alienándolos bajo las estructuras de la representación, que ha sectorializado la actividad económica y el conjunto de la vida cotidiana en compartimentos estancos, donde la vida está organizada y planificada hasta el mínimo detalle sin que se permita la más mínima improvisación.

Indudablemente, se ha producido un trasvase de pasiones gregarias, asociativas e identitarias, de la mano de la efectiva despolitización del mundo de la política. La política altamente burocratizada y tecnocratizada del mundo occidental ha lanzado en tropel a los ciudadanos a depositar esas antiguas pasiones

El Fútbol como placebo universal de la política

Por eso son necesarios los sucedáneos, motivos que tengan entretenida a la ciudadanía, temas a los que puedan acceder, que les permitan hablar y comunicarse entre sí partiendo de un mínimo de conocimiento de causa y que a su vez suscite pasiones partidistas ... ¿qué mejor que el fútbol?  El fútbol es sin duda un sucedáneo especial, se sirve con una regularidad asombrosa, cuenta con todos los ingredientes de la política: líderes, seguidores, escudos, banderas e himnos. Los periodistas a diario acosan y recaban las interesantes declaraciones de un entrenador de fútbol  con el mismo interés y la misma consideración que le pudiera corresponder a un Primer Ministro.  Además, y esto es lo más importante, imprime un fuerte sentido de Identidad y de pertenencia al grupo (de hecho, los políticos nacionalistas son conscientes del papel que desempeña el fútbol en la formación de la Identidad nacional y en esa medida fomentan dicho deporte.  No es, ni mucho menos, casual, que en el trasfondo de la rivalidad Real Madrid C.F. - F.C. Barcelona descanse la tensión entre el nacionalismo españolista y los nacionalismos periféricos).  

La participación del seguidor entusiasta, al igual que sucede en la alta política, resulta irrelevante en la medida en que el resultado final, hagan lo que hagan, digan lo que digan y piensen lo que piensen aparece como inmutable e independiente de sus deseos. No pueden votar ni decidir el resultado. Quizá eso sea lo que transmita más emoción y entusiasmo, la incertidumbre del resultado final. La victoria solo está en manos de los dioses: un equipo puede jugar bien y perder y otro puede jugar mal y ganar, además de que las victorias no dependen de uno solo sino también del contrincante, de la intersección de ambos, si no del eterno culpable, el árbitro. 

También, al igual que en la política, se transmite la alegría por el triunfo y el pesar por la derrota, la decepción y el desencanto. El fútbol es reino de la indeterminación y de la incertidumbre, del azar y de la necesidad, nadie está predestinado a ganar ni a perder, los equipos mejor dotados y equipados técnicamente, mejor coordinados y sincronizados no tienen en sus manos todas las bazas del triunfo. La improvisación juega también así como la estrategia del despiste del bando contrario. El fútbol es estrategia militar concentrada en el césped. Juegan también los factores naturales, el tiempo y el clima. Los ejércitos regulares muy bien saben que poco o muy poco pueden hacer contra las anárquicas guerrillas, conocedoras del terreno, invisibles la mayoría de las veces y con muchas posibilidades de tender una emboscada mortífera. La estrategia futbolística, al igual que la estrategia militar, es síntesis entre planificación e improvisación, una síntesis donde difícilmente puede adivinarse donde llega lo planificado y donde empieza lo improvisado

El sentido de la cúspide, el del momento decisivo y decisorio, que en política se produce de tarde en tarde, solo con ocasión de las convocatorias y escrutinios electorales, en el fútbol es contínuo, se reproduce de encuentro deportivo en encuentro deportivo, que suele ser semanal, incluso diario. Pero no deja de ser un sucedáneo, un placebo que a la par que incorpora las formas y rituales propios del mundo de la política, su resultado es irrelevante para los intereses del seguidor. Y ese es, a su vez, su gran peligro. Su radical visceralidad. Como sucede con los nacionalismos no hay vasos comunicantes ni trasvase de seguidores de los clubes. El sentido de pertenencia al grupo es de otro orden distinto al racional, es de orden tribal.

El Fútbol como campo de observación en etología

He de reconocer que nunca me ha interesado el fútbol en sí mismo.  Cuando retransmiten un partido no es en el césped en lo que me fijo, sino en lo que hay alrededor, los espectadores. Contemplar a la hinchada en acción es todo un espectáculo, toda una puesta en acción del lenguaje gestual; muecas de todo tipo, gesticulaciones hiperbólicas, saltos de alegría, gestos de indignación, abrazos de regocijo, suspiros de alivio, vellos erizados, dientes castañeteantes, rostros en tensión fruncidos ... toda la gama de sentimientos que nos liga a nuestra animalidad mamífera: amor, odio, alegría, tristeza, entusiasmo, indignación, placer, regocijo, rabia,  es como si el simio que llevamos dentro  saliera de nosotros para manifestarse con entera libertad.  Esa faceta de nuestra realidad, reprimida por la cultura y que se manifiesta dosificadamente en nuestra vida cotidiana, explota y se multiplica en el contacto directo con el grupo. El colectivo en estos casos puede desempeñar el mismo papel que las sustancias excitantes y alucinógenas, en calidad de protector social del éxtasis y de agente multiplicador de emociones. Las facultades de razonamiento y discernimiento retroceden en la misma medida en que el componente anímico no-racional va ocupando el puesto vacante. Las personalidades individuales se entretejen y cuasi-disuelven en el órgano colectivo hasta el punto de estructurar un sistema de gritos y movimientos acompasados grupales. La emoción vivida pone a todos de pié al unísono y los hace levantar los brazos al compás sin que una orden de fuera lo imponga. Se crea un sentimiento de grupo, colectivo

sábado, 16 de junio de 2012

Y el hombre hizo al perro ....

El título de este artículo es algo así como una corrección al de un conocido ensayo del etólogo austriaco Konrad Lorenz llamado "Cuando el hombre encontró al perro", porque no es que se lo encontrase exactamente, puesto que el perro como tal no existía en la naturaleza hace por lo menos 20.000 años en los que se calcula que las primitivas bandas cazadoras-recolectoras entraron en contacto con los cánidos antecesores, los lobos, depredadores sociales, en eso coinciden con el hombre y, por el mismo motivo, también competidores en la caza. El perro fue el primer animal que el hombre domesticó y las evidencias ya se encuentran por primera vez al sur del Río Yangtsé hace 16.000 años.


Para que esa primitiva rivalidad se acabase convirtiendo en simbiosis debió producirse un proceso de aproximación  y de intercambio de alimentos que aportara beneficios recíprocos a ambas especies. El caso es que una de ellas fue paulatinamente modelada y humanizada. El caso es que el perro no es una especie natural, es una especie humana. Parece absurda esta última expresión, dado que todos sabemos muy bien que lo que son los humanos, una especie del árbol de los primates. Pero cuando uso el término humanidad me estoy refiriendo a algo mucho más amplio que a nuestra especie desnuda, estoy aludiendo al hábitat y, como tal, al conjunto de factores materiales que la constituyen: sus objetivaciones, la realidad construida, la fuerza productiva, sus fetiches ideológicos (magia, religión, creencias, ideas) sus fetiches económicos (la mercancía, el dinero y el capital) sus medios de existencia, etc. En ese sentido, el perro se incorporó a la humanidad como también lo hizo el fuego, el utensilio, el caballo, etc


Y el lobo fue finalmente humanizado y perrizado: fue sometido a un proceso de selección artificial derivando en las más de 400 razas existentes en la actualidad. Cuvier anotó que se trataba del único animal que ha seguido al hombre en toda la corteza terrestre, primero como ayuda con vistas al sometimiento de otros animales, la cabra y la oveja, como rastreador de presas, como animales de tiro, como policías, como auxiliares de invidentes y tetrapléjicos, como artículo de ornamento, lujo y decoración y también como juguete infantil. La selección de razas ha sido inducida por la presión de la actividad económica y de la división del trabajo en cada caso y, finalmente, convertido en mercancía.


Ni existe ni ha existido nunca "Contrato Animal" alguno, siquiera implícito, ni conceptos antropomórficos similares que nos regalan el especismo y otras corrientes de moda. La relación hombre-perro carece de naturaleza jurídica y moral. Su base es socialmente económica y biológicamente simbiótica. Aunque en este último caso, el de la simbiosis, cabría aclarar que carece de naturaleza contractual. Si hubiera que establecer un símil con las relaciones sociales, podríamos aceptar que su naturaleza se encuentra más cercana a la institución de la esclavitud que la de los contratos entre iguales. Tampoco habría que idealizar la simbiosis como paradigma de cooperación al modo de Kropotkin puesto que si tuviéramos que designar a un animal simbiótico en nuestras relaciones interespecíficas, este no sería el perro sino la bacteria escherichia coli que se aloja por miles de millones en nuestro aparato digestivo.


A las distintas formas de domesticar la etología da su propio nombre, improntar, de imprinting, del denómeno que descubrió Henrioth con los gansos en 1.910, al que llamó “Prägung”, término procedente de la impresión de monedas. El estímulo recibido por los individuos de cada especie en sus períodos críticos provoca que los patrones conductuales innatos se adapten a cada entorno. Los perros, procedentes de los lobos, son animales sociales altamente jerarquizados y lo que comúnmente llamamos lealtad y fidelidad en un perro no es otra cosa que un mecanismo de sustitución del macho alfa de las manadas de lobos por el ser humano, desencadenado por el troquelado al que ha sido sometido durante el proceso de cría y domesticación.


La relación es bidireccional, como lo es la proyección hombre-perro. Si bien el dueño del perro ocupa el lugar del macho Alfa, el perro, a su vez, suele ocupar diversos espacios en el complicado universo del psiquismo y afectividad humana siendo objeto de diversas proyecciones humanocéntricas. Pero el perro, lejos de ser humano, sigue siendo un cánido, troquelado, pero un cánido a fin de cuentas. El hecho de que pueda ser capaz de distinguir muchos de nuestros códigos de símbolos y señales, de autoridad, de reproche, de afecto, no los convierte en animales simbólicos, o el de que tengan nombre propio, ese distintivo identitario que nos individualiza, no los transforma en sujetos sociales. Un perro es un compañero y un amigo, pero no es un hijo, tampoco es un juguete y, menos que nada, un jarrón, un florero o un objeto de decoración.

viernes, 11 de mayo de 2012

La problemática de la transgresión circunscrita a la esfera religiosa


  La cuestión de la Identidad y la Transgresión ha ocupado, a mi modo de ver, el centro de la perspectiva dogmática e institucional de las religiones. Norman Cohn en su interesante libro El Cosmos, el Caos y el Mundo Venidero[1] busca un hilo conductor en la génesis de las religiones soteriológicas, salvíficas y mesiánicas como yuxtapuestas a las más antiguas religiones Egipcias y Mesopotámicas. Las religiones zoroástrica, ugarítica, judía y cristiana, expresión de mundos en tensión, subordinan, de uno u otro modo, la cuestión de la Identidad a su Transgresión vía transcendencia. La nueva Identidad esperada interviene como un activo condicionante de la Identidad presente.  La renuncia a la vida presente, a los bienes terrenales y a los lazos familiares que predicaban los primitivos cristianos se explicaba como una preparación a la transcendencia donde la Identidad física y corporal, social y familiar no había de tener sentido en aras de una in-Identidad sobrenatural y espiritual. De todos modos, podemos destacar que en cuanto transgresoras del principio de Identidad las religiones orientales de corte budista e hinduista se llevan la palma. El yogui no se limita a transgredir su propia Identidad, se sumerge en la introspección para buscar una meta-Identidad desconectada de sí mismo. La doctrina de la reencarnación, por su parte, nos puede servir como el paradigma de la Transgresión de la Identidad entendida a su vez como preservación de una Identidad espiritual última, que permanece inmutable ante la sucesión de formas a las que accede el alma para encarnarse.

La religión tiene su propia palabra para designar la transgresión, y esta es la transcendencia, posibilidad de huir y escapar del mundo, del cuerpo y de la carne, capacidad de experimentar vivencias ultra-terrenales, de liberar el alma del cuerpo, esa caja que la limita y le impide contemplar un mundo más sublime y elevado, anejo a la divinidad. 

Por otro lado, la religión institucional, como constelación de fuerzas esencialmente identitarias, como polo de tensión social, individual y sexual, se ha convertido en un activo generador de las más variopintas tendencias transgresoras. La indisolubilidad del matrimonio ha encontrado su Transgresión en el adulterio y el amancebamiento. El celibato, como abstinencia sexual forzosa de los ministros de la iglesia, ha sido un punto de conflicto personal y religioso sobre cuya Transgresión ha girado gran parte de la temática de la novela española del siglo XIX (La Regenta, ).

 A niveles extra o inter-religiosos la religión o las instituciones eclesiales determinan un grado de transgresión de sí mismas pecado, blasfemia, sacrilegio y anti-clericalismo


El pecado: La ideología religiosa católica señala las fuentes de Transgresión como enemigos del hombre: el mundo, el demonio y la carne. De uno u otro modo, la enumeración hecha de las fuentes del pecado nos hace pensar que la gran Transgresión a someter a control por el sistema religioso no es otro que el instinto y la pulsión del placer. Tentación, demonio o carne son las distintas formas de designar al instinto que de forma continua aflora a la superficie, a la ardua batalla sostenida para sujetarlo bien mediante su negación directa por la vía de los mecanismos de control represivo que pueden ser físicos (ablación de genitales, flagelación, tormento ...) o mediante sistemas de sustitución y sublimación (éxtasis).  La fusión con lo trascendente se lleva a cabo mediante la construcción de una meta o supra-Identidad.

La blasfemia y el sacrilegio: La religión se comporta como activo generador de transgresiones antirreligiosas. Bajo un medio clericalizado es corriente y usual la reproducción de sus correlativas transgresiones, la irreligiosidad y la irreverencia, la injuria a sus mitos, a sus dogmas, a sus ritos, la profanación de sus centros y lugares sagrados.. toda iconología trae consigo su propia iconoclastia. Los transgresores anti-todo, el lumpem, los marginados, iniciaron la quema de Iglesias y conventos bajo la Segunda República. Más tarde, en plena Guerra Civil, los milicianos anarquistas saquearían templos, incendiarían estatuas y retablos, perseguirían religiosos. La estampa recuerda las guerras religiosas medievales, la de una irreligiosidad sospechosamente religiosa[2].

Dialéctica Ortodoxia-Herejía y paradigmas del pensamiento teológico del siglo XV al siglo XVIII. El pensamiento laico forjado en los siglos XVIII, XIX y XX conocieron su versión teológica en los siglos anteriores. A partir del siglo XV las instituciones religiosas tradicionales conocen el inicio de las mayores sacudidas de su historia. En el contexto de esa convulsión contra-reformista tienen lugar las mayores represiones religiosas.

A) El marranismo. En la Península Ibérica el Tribunal de la Inquisición fuerza la conversión forzosa de las comunidades judías hasta su expulsión forzosa en 1492. De esta tesitura nacería el marranismo, la herejía marrana. Las comunidades marranas se situarían de ahora en adelante en un espacio conflictivo. Su bautizo forzoso, su conversión en nuevos cristianos las obligaría a la observancia formal de los preceptos religiosos católicos permaneciendo interiormente la fe en la ley mosaica heredada de sus antepasados. El punto de intersección de dos ortodoxias conflictivas en el que se situarían las comunidades marranas a partir del siglo XV pudo ser un caldo de cultivo crucial para la configuración de gran parte de los elementos que conforma el pensamiento moderno: el criticismo, el escepticismo y el nihilismo. Desde el judaísmo serían criticadas las supersticiones católicas, pero, a su vez, ese nuevo judaísmo clandestino, sin libros y sin rabinos, desconectado de las comunidades judías ortodoxas, también se iría desvirtuando y devaluando como tal. Había nacido una herejía judía de grandes repercusiones en el occidente. los marranos, excluídos de la comunidad judía e integrados a la fuerza en la comunidad cristiana desplegarían su influencia sobre esta última. El siglo XVII y XVIII conocería a dos grandes profetas del mesianismo marrano. Sabbatai Cevi y Jacob Frank. Este último desarrolló una paradójica transfiguración del mesianismo apocalíptico judío en anarquismo. El camino elegido fue la glorificación de Esaú  lo que conduciría a cierto género de anarquía poli-transgresora que afectaría a todos los cimientos del orden político y religioso establecido. Scholem nos viene a decir en relación a la herejía frankista que



Esaú representa lo no teológico, lo elemental y lo terrenal que, a diferencia de las solemnes palabras referidas a lo espiritual en todas las religiones, no ha sido degradado y profanado por la mentira y la traición. En esas palabras podrían encontrarse los más diferentes motivos que, al unirse, crean la fuerza de la explosión.[3]



B) Los grandes dilemas del mundo cristiano. Antes de que la política y la filosofía pudieran despegar del omnipotente referente religioso, antes de que en el siglo XVIII hiciese descollar al laicismo como una fuerza crítica autónoma, el mundo cristiano cubría por completo la cuestión del poder. Todas las luchas y combates referidos al poder habían de estar cubiertos de ese manto religioso. Incluso ese mundo en crisis abierto a partir del año 1.000 de nuestra era se presenta como un mundo desgarrado internamente por las herejías. La herejía es la forma genuina de manifestación de la transgresión en un mundo determinado por la omnipotencia y omnipresencia religiosa. El conjunto de tensiones acumuladas en las luchas intestinas contra el poder y el privilegio, el conflicto de intereses irreconciliables en pugna culmina en la herejía. Los intereses opuestos exigen obviamente contar con los cauces que le permitieran manifestarse y exteriorizarse adecuadamente afectando de lleno  al conjunto de nociones que se articulan en torno al sistema teológico. 


Antes de que el laicismo emprendiera la construcción filosófica y política de los sistemas de relaciones existentes entre el hombre y la naturaleza o entre el individuo y la sociedad, la teología ya había elaborado rigurosos sistemas de inserción del hombre en el mundo, de sus posibilidades y capacidades de intervención sobre las leyes de la naturaleza y de la historia, sobre su aptitud para modificar el rumbo de los acontecimientos. La teología, con su propio lenguaje, había establecido las categorías del azar y de la necesidad, de la voluntad humana, del valor de las acciones y del rumbo de la historia. En ese contexto crítico de disyuntivas-límite se forja el pensamiento y las reflexiones de Pascal, cuya ortodoxia católica no lo puso nunca a salvo de la fuerza de la duda, manteniendo una tensión intensa entre lo evidente por la fe y lo sujeto a crítica, entre la certidumbre y el escepticismo, entre la razón y la creencia  en una lucha insoluble e irreconciliable. De Pascal se dice que anticipa el pensamiento moderno y contemporáneo.

 Los paradigmas teológicos/escatológicos que enfrentan las instituciones eclesiásticas con las herejías surgidas de la crisis de los siglos XV a XVIII anticipan, en cierto modo, los grandes paradigmas políticos del siglo XIX y siglo XX. La herejía marrana, por su parte, contribuyó sobremanera a poner los pies sobre la tierra de las inquietudes espirituales de este grupo de desclasados, hijos de la represión inquisitorial.

Afirman algunos que el monoteísmo es la antesala del ateísmo. El Deus sive Natura de Spinoza podría ser paradigmático al respecto. La negación de dios está a un paso de su afirmación absoluta. El criptoateísmo spinozista

La impronta religiosa judeocristiana y judeo-marrana dejó su herencia al pensamiento laico decimonónico. El movimiento obrero recogió la antorcha de los movimientos milenaristas que se van sucediendo a partir del año mil, de las revoluciones campesinas de los cátaros, anabaptistas, dolcianistas, de Thomas Muntzer, de Joaquín de Fiore, de Fra Dolcino. Los primeros utópicos trasladarán el paraíso celestial a la Tierra: Moro, Campanella, Owen, Fourier, etc,  



[1]Norman Cohn: El Cosmos, el Caos y el Mundo Venidero: Editorial Crítica. 1995, Barcelona.
[2]El cristianismo se ha ocupado de edificar el mito (y el tópico) de las persecuciones religiosas infligidas contra la fe a manos de los paganos romanos (Nerón, Diocleciano, etc) y de la moderna irreligiosidad laica (Revolución Francesa, Revolución Mexicana, Revolución Rusa, Revolución Española, etc). No obstante, en la misma historia del cristianismo había que constatar que las mayores persecuciones y masacres de cristianos a lo largo de la historia se han producido a manos de ... los mismos cristianos. Se ha dicho que el hombre es el peor lobo para el hombre (Hobbes) también para el cristiano, el cristiano es el peor enemigo del cristiano. No hay mas que echar una ojeada por la historia para hacer cómputo de las masacres de herejes a manos del papado, de cristianos papistas a manos de cristianos heréticos: la Guerra de los Cien Años, la conquista y posterior asolamiento de Constantinopla, el saco de Roma, la lucha contra los cátaros o albigenses, .
[3]G. Scholem: Las metamorfosis del mesianismo herético de los sabbatianos en nihilismo religioso durante el siglo XVIII. Del libro Herejías y sociedades en la Europa preindustrial, siglos XI-XVIII. Compilado por Jacques Le Goff. Pág. 298. Ed. Siglo XXI Madrid, 1987