viernes, 29 de junio de 2012

El Fútbol


Añadir leyenda
Resulta muy fácil criticar, desde una postura elitista e intelectualista, los fenómenos de masas como fenómenos de alienación y embrutecimiento colectivo. Lo que no se puede esperar en modo alguno es que las masas, tras su monótona y gris semana laboral, se encierren en las bibliotecas a leer atentamente la Crítica de la Razón Pura de Kant, los Diálogos de Platón o el Ulises de Joyce o que deleiten su espíritu en la sala de conciertos mientras escuchan la Incompleta de Schubert o la Sinfonía Heroica de Beethoven. Como vengo afirmando reiteradamente, toda estructura represiva precisa de una transgresión a su justa medida.


La transgresión regulada tiene muchos nombres: evasión de la realidad, entretenimiento, ocio, diversión o espectáculo. La transgresión en cierto modo nos ayuda a vivir.  El hecho de que el Capital haya convertido o integrado la transgresión como negocio y fuente de pingües beneficios no invalida el hecho sustancial de que los grandes espectáculos de masas, y en particular los deportivos, sean parte esencial de la existencia humana. Incluso el hecho mismo de que el fútbol, como transgresión identitarizadora, intervenga como un agente activo en la construcción e intensificación del sentido identitario de pertenencia a la nación, no nos puede hacer pensar que su ausencia fuera a remediar esta situación: son muchas las bazas y los repuestos que tiene el nacionalismo a su alcance. Aparte de las funciones especificadas, el fútbol, como cualquier otro espectáculo deportivo de evasión,  ha desempeñado un papel crucial como nexo bio-social, como punto de intersección imaginario entre nuestra animalidad y nuestra culturalidad o, simplemente, como forma de transgresión-regresión a nuestros componentes instintivos más primarios. Tampoco tiene porqué ser criticable la tendencia a la regresión a la animalidad. Es, más bien, inevitable: cuanto más intensas sean las tentativas civilizatorias de una sociedad, con tanta más fuerza surgirán esas tendencias regresivas-transgresoras.

Unos grupos de humanos se enfrentan a otros. Ambos se encuentran  desprovistos de artilugios y otros artefactos técnicos que no sean unas botas y un balón de reglamento. Se prohíbe el uso de las manos, de esos órganos prensiles que tan necesarios nos son en la vida cotidiana y que tan decisivo papel desempeñaron en nuestro proceso de hominización. Es como si se penalizaran las facultades orgánicas que en su momento conectaron a homo sapiens con la cultura. Cada equipo cuenta exclusivamente con dos órganos prensiles, los del respectivo guardameta. Solo se juega con las piernas y con los pies, se activan los músculos de la marcha, la carrera, el salto. Solo vale la patada y el cabezazo, la persecución de un objeto  al que no se le puede retener ni tocar, solo golpear con el pie. Pese a que las distintas  trayectorias seguidas por el balón obedecen a las patadas y cabezazos de los jugadores, este se comporta casi como un objeto de la naturaleza que, sujeto a dos sistemas de trayectoria opuestos, adquiere su propia autonomía como un ser vivo difícil de dominar y darle caza.
  
Representación Improvisada e Improvisación Representada

La Representación Convencional (Sin Improvisación): Lo que caracteriza a la música y al teatro es su cualidad de representaciones creadas y producidas con anterioridad a su puesta en escena, a su conversión en espectáculo. Los actores y los intérpretes han de limitarse a conocer el papel, el texto y la partitura. El autor-creador ya no está en la escena, incluso puede haber muerto hace mucho tiempo. Los intérpretes se limitan a reproducir la obra fielmente. de ellos solo puede esperarse su capacidad de reproducción técnica y su expresividad artística aunque nunca saliéndose de los marcos y formas que dirigen la estructura general de la obra. Los actores se meten en el papel, los intérpretes se ajustan a los compases de la partitura. El margen de improvisación permitido en este caso es mínimo, el que pueda resultar de la voluntad del creador o del especial virtuosismo del intérprete. La música, sin embargo, puede fabricarse sin creador, en el sentido de que el intérprete puede hacer las veces de intérprete y creador al mismo tiempo. La música instrumental oriental no obedece al mismo esquema que la de occidente. el intérprete puede improvisar durante horas sobre la base de unos acordes y unos compases. existe un género, como el Jazz, basado enteramente en la improvisación

La Representación Improvisada Vemos que el teatro en todo caso lo que hace es imitar a la vida, reproduciendo aspectos de la vida congelados. La Antígona de Sófocles se ha reproducido cientos de miles de veces y se reproducirá otros tantos cientos de miles sin que se llegue a variar ni una sola coma del argumento. Jamás veremos dos competiciones de baloncesto, boxeo o golf idénticas. La especificidad del deporte, de la competición deportiva, en calidad de juego-espectáculo, radica en la puesta en escena de un género de representación que incorpora a un mismo tiempo la aleatoriedad o incertidumbre y la creación escénica con base a unas reglas. La primera regla la establece el marco general bajo el que se desenvuelve, el escenario propiamente dicho. El tipo de competición deportiva que enfrenta dos rivales en el campo, pista, ring, etc se nos presenta como una síntesis dialéctica cuya unidad es la resultante del diferente juego de los adversarios, de la conjunción de estrategias dispares, de sus acciones y de sus correlativas reacciones, de los sistemas de defensa y de los de ataque correspondientes. La competición deportiva es todo un campo de prueba de habilidad, de  táctica y de estrategia. Pone en juego los reflejos y  la capacidad de respuesta, el ingenio y la capacidad de improvisación, del engaño así como de la capacidad de o dejarse engañar, de la resistencia y de la maniobra de desgaste. Se trata de toda una puesta en escena de la práctica intelectual y material humana, de su juego por la supervivencia, de las inexorables leyes del azar y de la necesidad, de las reglas que impone la vida, de la técnica como medio de sortear el azar y la incertidumbre, de una técnica que nunca impone la primacía porque a lo que ha de enfrentarse es a otra técnica que puede ser desconocida para el adversario, explotar el factor sorpresa, jugar al despiste, al agotamiento del contrario... todo está en el juego. Lógicamente todos estos elementos lo convierten en un impulsor y propagador de primer orden de pasiones y emociones humanas.

 La representación improvisada ocupa su lugar como espacio limitado de transgresión de una sociedad civil que, definida y constituida en un principio como participativa, ha acabado amputando de sí misma las formas y mecanismos de participación alienándolos bajo las estructuras de la representación, que ha sectorializado la actividad económica y el conjunto de la vida cotidiana en compartimentos estancos, donde la vida está organizada y planificada hasta el mínimo detalle sin que se permita la más mínima improvisación.

Indudablemente, se ha producido un trasvase de pasiones gregarias, asociativas e identitarias, de la mano de la efectiva despolitización del mundo de la política. La política altamente burocratizada y tecnocratizada del mundo occidental ha lanzado en tropel a los ciudadanos a depositar esas antiguas pasiones

El Fútbol como placebo universal de la política

Por eso son necesarios los sucedáneos, motivos que tengan entretenida a la ciudadanía, temas a los que puedan acceder, que les permitan hablar y comunicarse entre sí partiendo de un mínimo de conocimiento de causa y que a su vez suscite pasiones partidistas ... ¿qué mejor que el fútbol?  El fútbol es sin duda un sucedáneo especial, se sirve con una regularidad asombrosa, cuenta con todos los ingredientes de la política: líderes, seguidores, escudos, banderas e himnos. Los periodistas a diario acosan y recaban las interesantes declaraciones de un entrenador de fútbol  con el mismo interés y la misma consideración que le pudiera corresponder a un Primer Ministro.  Además, y esto es lo más importante, imprime un fuerte sentido de Identidad y de pertenencia al grupo (de hecho, los políticos nacionalistas son conscientes del papel que desempeña el fútbol en la formación de la Identidad nacional y en esa medida fomentan dicho deporte.  No es, ni mucho menos, casual, que en el trasfondo de la rivalidad Real Madrid C.F. - F.C. Barcelona descanse la tensión entre el nacionalismo españolista y los nacionalismos periféricos).  

La participación del seguidor entusiasta, al igual que sucede en la alta política, resulta irrelevante en la medida en que el resultado final, hagan lo que hagan, digan lo que digan y piensen lo que piensen aparece como inmutable e independiente de sus deseos. No pueden votar ni decidir el resultado. Quizá eso sea lo que transmita más emoción y entusiasmo, la incertidumbre del resultado final. La victoria solo está en manos de los dioses: un equipo puede jugar bien y perder y otro puede jugar mal y ganar, además de que las victorias no dependen de uno solo sino también del contrincante, de la intersección de ambos, si no del eterno culpable, el árbitro. 

También, al igual que en la política, se transmite la alegría por el triunfo y el pesar por la derrota, la decepción y el desencanto. El fútbol es reino de la indeterminación y de la incertidumbre, del azar y de la necesidad, nadie está predestinado a ganar ni a perder, los equipos mejor dotados y equipados técnicamente, mejor coordinados y sincronizados no tienen en sus manos todas las bazas del triunfo. La improvisación juega también así como la estrategia del despiste del bando contrario. El fútbol es estrategia militar concentrada en el césped. Juegan también los factores naturales, el tiempo y el clima. Los ejércitos regulares muy bien saben que poco o muy poco pueden hacer contra las anárquicas guerrillas, conocedoras del terreno, invisibles la mayoría de las veces y con muchas posibilidades de tender una emboscada mortífera. La estrategia futbolística, al igual que la estrategia militar, es síntesis entre planificación e improvisación, una síntesis donde difícilmente puede adivinarse donde llega lo planificado y donde empieza lo improvisado

El sentido de la cúspide, el del momento decisivo y decisorio, que en política se produce de tarde en tarde, solo con ocasión de las convocatorias y escrutinios electorales, en el fútbol es contínuo, se reproduce de encuentro deportivo en encuentro deportivo, que suele ser semanal, incluso diario. Pero no deja de ser un sucedáneo, un placebo que a la par que incorpora las formas y rituales propios del mundo de la política, su resultado es irrelevante para los intereses del seguidor. Y ese es, a su vez, su gran peligro. Su radical visceralidad. Como sucede con los nacionalismos no hay vasos comunicantes ni trasvase de seguidores de los clubes. El sentido de pertenencia al grupo es de otro orden distinto al racional, es de orden tribal.

El Fútbol como campo de observación en etología

He de reconocer que nunca me ha interesado el fútbol en sí mismo.  Cuando retransmiten un partido no es en el césped en lo que me fijo, sino en lo que hay alrededor, los espectadores. Contemplar a la hinchada en acción es todo un espectáculo, toda una puesta en acción del lenguaje gestual; muecas de todo tipo, gesticulaciones hiperbólicas, saltos de alegría, gestos de indignación, abrazos de regocijo, suspiros de alivio, vellos erizados, dientes castañeteantes, rostros en tensión fruncidos ... toda la gama de sentimientos que nos liga a nuestra animalidad mamífera: amor, odio, alegría, tristeza, entusiasmo, indignación, placer, regocijo, rabia,  es como si el simio que llevamos dentro  saliera de nosotros para manifestarse con entera libertad.  Esa faceta de nuestra realidad, reprimida por la cultura y que se manifiesta dosificadamente en nuestra vida cotidiana, explota y se multiplica en el contacto directo con el grupo. El colectivo en estos casos puede desempeñar el mismo papel que las sustancias excitantes y alucinógenas, en calidad de protector social del éxtasis y de agente multiplicador de emociones. Las facultades de razonamiento y discernimiento retroceden en la misma medida en que el componente anímico no-racional va ocupando el puesto vacante. Las personalidades individuales se entretejen y cuasi-disuelven en el órgano colectivo hasta el punto de estructurar un sistema de gritos y movimientos acompasados grupales. La emoción vivida pone a todos de pié al unísono y los hace levantar los brazos al compás sin que una orden de fuera lo imponga. Se crea un sentimiento de grupo, colectivo

sábado, 16 de junio de 2012

Y el hombre hizo al perro ....

El título de este artículo es algo así como una corrección al de un conocido ensayo del etólogo austriaco Konrad Lorenz llamado "Cuando el hombre encontró al perro", porque no es que se lo encontrase exactamente, puesto que el perro como tal no existía en la naturaleza hace por lo menos 20.000 años en los que se calcula que las primitivas bandas cazadoras-recolectoras entraron en contacto con los cánidos antecesores, los lobos, depredadores sociales, en eso coinciden con el hombre y, por el mismo motivo, también competidores en la caza. El perro fue el primer animal que el hombre domesticó y las evidencias ya se encuentran por primera vez al sur del Río Yangtsé hace 16.000 años.


Para que esa primitiva rivalidad se acabase convirtiendo en simbiosis debió producirse un proceso de aproximación  y de intercambio de alimentos que aportara beneficios recíprocos a ambas especies. El caso es que una de ellas fue paulatinamente modelada y humanizada. El caso es que el perro no es una especie natural, es una especie humana. Parece absurda esta última expresión, dado que todos sabemos muy bien que lo que son los humanos, una especie del árbol de los primates. Pero cuando uso el término humanidad me estoy refiriendo a algo mucho más amplio que a nuestra especie desnuda, estoy aludiendo al hábitat y, como tal, al conjunto de factores materiales que la constituyen: sus objetivaciones, la realidad construida, la fuerza productiva, sus fetiches ideológicos (magia, religión, creencias, ideas) sus fetiches económicos (la mercancía, el dinero y el capital) sus medios de existencia, etc. En ese sentido, el perro se incorporó a la humanidad como también lo hizo el fuego, el utensilio, el caballo, etc


Y el lobo fue finalmente humanizado y perrizado: fue sometido a un proceso de selección artificial derivando en las más de 400 razas existentes en la actualidad. Cuvier anotó que se trataba del único animal que ha seguido al hombre en toda la corteza terrestre, primero como ayuda con vistas al sometimiento de otros animales, la cabra y la oveja, como rastreador de presas, como animales de tiro, como policías, como auxiliares de invidentes y tetrapléjicos, como artículo de ornamento, lujo y decoración y también como juguete infantil. La selección de razas ha sido inducida por la presión de la actividad económica y de la división del trabajo en cada caso y, finalmente, convertido en mercancía.


Ni existe ni ha existido nunca "Contrato Animal" alguno, siquiera implícito, ni conceptos antropomórficos similares que nos regalan el especismo y otras corrientes de moda. La relación hombre-perro carece de naturaleza jurídica y moral. Su base es socialmente económica y biológicamente simbiótica. Aunque en este último caso, el de la simbiosis, cabría aclarar que carece de naturaleza contractual. Si hubiera que establecer un símil con las relaciones sociales, podríamos aceptar que su naturaleza se encuentra más cercana a la institución de la esclavitud que la de los contratos entre iguales. Tampoco habría que idealizar la simbiosis como paradigma de cooperación al modo de Kropotkin puesto que si tuviéramos que designar a un animal simbiótico en nuestras relaciones interespecíficas, este no sería el perro sino la bacteria escherichia coli que se aloja por miles de millones en nuestro aparato digestivo.


A las distintas formas de domesticar la etología da su propio nombre, improntar, de imprinting, del denómeno que descubrió Henrioth con los gansos en 1.910, al que llamó “Prägung”, término procedente de la impresión de monedas. El estímulo recibido por los individuos de cada especie en sus períodos críticos provoca que los patrones conductuales innatos se adapten a cada entorno. Los perros, procedentes de los lobos, son animales sociales altamente jerarquizados y lo que comúnmente llamamos lealtad y fidelidad en un perro no es otra cosa que un mecanismo de sustitución del macho alfa de las manadas de lobos por el ser humano, desencadenado por el troquelado al que ha sido sometido durante el proceso de cría y domesticación.


La relación es bidireccional, como lo es la proyección hombre-perro. Si bien el dueño del perro ocupa el lugar del macho Alfa, el perro, a su vez, suele ocupar diversos espacios en el complicado universo del psiquismo y afectividad humana siendo objeto de diversas proyecciones humanocéntricas. Pero el perro, lejos de ser humano, sigue siendo un cánido, troquelado, pero un cánido a fin de cuentas. El hecho de que pueda ser capaz de distinguir muchos de nuestros códigos de símbolos y señales, de autoridad, de reproche, de afecto, no los convierte en animales simbólicos, o el de que tengan nombre propio, ese distintivo identitario que nos individualiza, no los transforma en sujetos sociales. Un perro es un compañero y un amigo, pero no es un hijo, tampoco es un juguete y, menos que nada, un jarrón, un florero o un objeto de decoración.

viernes, 8 de junio de 2012

La certeza y el error


El error es algo no es privativo de nuestra especie. El fundamento molecular y bioquímico de la evolución radica precisamente en una continua y gradual sucesión de mutaciones aleatorias en los genes o, lo que viene a ser lo mismo, de errores en la copia. Aunque, una vez situados en el contexto de la selección natural, ley fundamental del mundo viviente, se impone un continuo sometimiento a prueba y error. Lo que sucede en este caso es que el error se paga muy caro, al precio de la muerte del individuo antes de llegar a tener descendencia, por lo que sus genes se pierden, favoreciendo la selección a los individuos más exitosos en el sentido adaptativo del término.

Los humanos contamos con el bagaje cultural, conjunto de instrucciones necesarias para nuestra supervivencia que nos lega la cultura y que cada uno de nosotros interioriza como propio. Las mismas instituciones culturales contienen las normas que sancionan el acierto y el error, incluso el mismo proceso de aprendizaje consiste en una contínua corrección de errores.

Existen dos tipos de pensamiento, el lógico, racional y científico y el mítico y religioso. Lo que los distingue básicamente es que mientras el primero es un sistema abierto a la inducción, prueba y error, los segundos suelen ser sistemas cerrados y circulares que no requieren otra explicación que la que está sentada en sus premisas, su base es la tautología y, dado que su base es el dogma no aceptan el error siquiera como posibilidad remota. Los sistemas abiertos, en cambio, si bien formulan modelos explicativos estos siempre son provisionales al estar sujetos a la prueba, al error y a una nueva reformulación.

A nivel lógico o analítico gran parte de la información, por elemental que sea, integra la organización de un sistema de caracteres binarios. Los bytes de información cibernética se basan precisamente en la numeración binaria que recoge los caracteres 0 y 1. Pero nuestro sistema de información es a su vez analógica, en el sentido de que se estructura sobre la representación. De la combinación entre ambos sistemas binario-digital y analógico-representacional surge el intelecto humano. Por un lado nos encontramos ante la asimilación, por otro ante el discernimiento. La representación procede de una impresión sensorial, el discernimiento, por su parte, se nos presenta como un sistema binario (afirmación/negación) en virtud del cual se van desgajando los distintos niveles de error. La determinación, entendida como conceptualización, se puede concebir como un proceso a través del cual las distintas formas de representación analógica son esculpidas (seleccionadas, rechazadas, reelaboradas) por un sistema binario de selección de la certeza y rechazo del error.

El conocimiento humano es, en un 90 por ciento de sus casos, digital. La propia estructura digital del lenguaje humano nos puede hacer pensar que el mundo de las ideas es sustancialmente digital. Sin embargo, advertimos que las primeras escrituras fueron escrituras figurativas, alusiones representativas ligadas a imágenes presenciales de caracteres ideográficos, simbólicos No obstante, en el camino se insertan formas de percepción analógica.

La cuestión de la certeza, en cuanto a sus principios reguladores e informadores, no es únicamente aplicable al problema del conocimiento humano y de la cibernética. En un sentido amplio, se inscribe en la relación que guarda el organismo (viviente o social) con su entorno, a los modos de procesar dicho entorno, de incorporarlo y asimilarlo. Llevada a su extremo más radical, la cuestión del conocimiento y del discernimiento de la certeza es una mera cuestión de supervivencia. Por lo que se refiere al mundo viviente podemos asegurar que el camino de la selección natural está sembrado de errores dejados a lo largo y a lo ancho del camino, que cada organismo viviente es en sí el resultado de un cúmulo de aciertos consecutivos.

Los sistemas de selección de la certeza o de la verdad tomada en un sentido amplio meta-gnoseológico no tienen por qué coincidir con estructuras subjetivas, ya se trate de subjetividades orgánicas de tipo biológico o de subjetividades sociales de índole institucional.. El fenómeno ya apuntado de la selección natural se nos presenta como un sistema extra-subjetivo de selección de la certeza y de rechazo del error donde encuentra

Tras milenios de iluminación, especulación y escolástica se ha llegado finalmente a la conclusión de que la certeza no es ningún don celestial vedado a los no iluminados por el espíritu sino un criterio eminentemente práctico que casi nunca se inviste de la pureza de lo nítidamente claro, de las ideas claras y distintas a las que aludió Descartes, ya que en la mayoría de las ocasiones se encuentra acompañada de grandes nubarrones de incertidumbre, si no integrada en un complejo sistema de creencias a las que los racionalistas han dado en llamar supersticiones.


El hechicero que para curar una herida aplica un emplasto de hongos sobre la zona infectada desconoce totalmente el fundamento científico de la penicilina y los antibióticos. Él se limita simplemente a alejar el maleficio mediante un sistema de rituales que, acompañados por el emplasto como un elemento más,  producen efectos positivos en el enfermo. Bajo el ritual mágico todo tiene su campo de validez, emplasto, palabras mágicas indumentaria del hechicero y gesticulaciones. ¿es acertado o equivocado su proceder? Sin duda, la práctica empírica obtenida mediante los principios de inducción prueba y error se integra en un sistema bajo el que no encuentra operatividad alguna el paradigma racionalista. En cualquier caso, las relaciones causales en el pensamiento mágico, son como la de aquél personaje que aseguraba que mediante conjuros, sortilegios y un poco de arsénico se libraba de sus enemigos.       

El mundo de las matemáticas tiene algo de mágico. Los idealistas puros de las escuelas platónica y pitagórica vieron en él plasmada la esencia última de las cosas traducida a verdades matemáticas. En el resurgir de la filosofía de la época moderna vemos dos escuelas enfrentadas, dos paradigmas opuestos, el racionalista y el empirista. Los primeros veían como la razón se regía por estructuras extraídas del universo matemático, base necesaria para ordenar el mundo. Los segundos consideraban que solo la experiencia externa podía servir de base al conocimiento Fue Enmanuel Kant quien se encargaría más tarde de elaborar la síntesis, de indagar sobre las estructuras de la percepción. Para Kant los juicios obtenidos directamente del mundo matemático solo podían ser juicios analíticos a priori, en tanto que para averiguar la ecuación 2+2=4 o que la suma de los ángulos de un triángulo equivale a 180 grados no era preciso acudir a la experiencia exterior, mientras que los recabados a partir de la experiencia externa se clasificarían entre los llamados juicios sintéticos a posteriori. Entre ambas categorías podían hallarse formas intermedias de conocimiento, los juicios analíticos a posteriori y los juicios sintéticos a priori.  





Situados en otro ámbito,  el problema de la objetividad del conocimiento ha planeado en toda la historia de la filosofía, por lo que tendemos a confundir la percepción de la realidad a través de los sentidos con la realidad en sí misma, con el noumenon, como diría Kant 


En realidad el conocimiento no nació por el mero placer de pensar, sino como una necesidad inscrita en nuestra evolución y supervivencia: no pensamos por pensar sino para sobrevivir


En cierto modo, nuestra percepción sensorial es engañosa, es autocéntrica y egotista, el campo visual que se nos presenta es un orden de objetos situados espacialmente conforme a un haz en el que el sujeto ocupa una posición central y en el que las figuras geométricas se deforman por acción del campo de visión, la reducción del tamaño de los objetos es directamente proporcional a su proximidad o lejanía respecto del observador, lo que comúnmente se llama perspectiva.


Nuestra percepción táctil nos avisa del frío y del calor, pero nuestra estructura celular no alcanza a percibir las altísimas y bajísimas temperaturas pues sus límites vitales se enmarcan en la escala del agua, la escala centígrada y la temperatura de ignición es la de destrucción de nuestras proteínas, la de la combustión química del carbono y a esa escala, la diferencia entre mil y tres mil grados centígrados nos resultará obviamente la misma. 


Por otra parte, solo alcanzamos a vislumbrar aquellas magnitudes de onda del espectro luminoso y sonoro que entran dentro del ámbito de percepción de nuestros sentidos. Fenómenos como el de la persistencia de la retina nos inducen a error; el cine o los dibujos animados no reproducen realmente formas en movimiento, lo que reproducen es una secuencia o sucesión rápida de fotogramas o diapositivas que generan la ilusión óptica de movimiento contínuo. Y, ya que hablamos de cine, hay que decir que el campo de los efectos especiales es todo un arte encaminado a engañar los sentidos.


La secuencia temporal es también engañosa, solo percibimos un ínfimo lapso de tiempo que, no obstante, nos permite captar movimientos cuya velocidad entra en el campo de nuestras estructuras cognoscitivas. No podemos percibir la velocidad de la luz ni la de los acontecimientos geológicos. Vemos montañas inmóviles que, sin embargo, como pliegues del terreno, son formas en movimiento, tampoco podemos ver la formación de los valles, la erosión de las colinas y la deriva continental. 


La física llama infra-rojos o ultravioletas a las radiaciones que se encuentran por debajo o por encima de nuestro campo de percepción visual, ultrasonidos o infrasonidos a aquellos que igualmente exceden de nuestro ámbito de percepción auditiva, los prefijos “infra” o “ultra” aluden justamente a lo que se sitúa fuera de nuestra capacidad sensorial.


La realidad que captamos más que realidad es “nuestra” realidad, nuestra sensibilidad nos dice que la Tierra es plana, nuestra misma posición espacial nos induce a creer que existe un “arriba” y un “abajo” absolutos, cuando en el universo no existe ni el “arriba” ni el “abajo”, ni el delante ni el detrás, que nos apoyamos sobre la tierra porque pesamos, no por efecto de la atracción gravitatoria, nuestra percepción sensible no capta el movimiento de rotación de la Tierra, nos dice que el Sol “sale” por la mañana y “se pone “ por la tarde, que la Luna es más grande que las estrellas o que su tamaño sea análogo al del Sol, nos presenta un “firmamento” (expresión bíblica que denota fijeza o firmeza de las constelaciones) en forma de cúpula semiesférica (la cúpula celeste), nos dice que los meteoritos son “estrellas fugaces”, nos dice que existe el reposo y el movimiento absoluto.


Nuestro sistema de percepción no sirve para ver las células ni las moléculas ni los átomos, ni los quásares, ni las supernovas.


Al fin y al cabo, nuestra percepción auditiva, visual, táctil, gustativa y olfativa no es otra que la que necesitamos para vivir dentro de nuestro mundo, en el ámbito de nuestra actividad práctica, es análoga, aunque con importantes modificaciones estructurales, a la que precisan los primates arborícolas que para saltar de una rama a otra con un mínimo margen de error precisa percibir el espacio (visión binocular o estereoscópica), que ha de auxiliarse conjuntamente con los sentidos de la vista y el tacto manual para calibrar el peso y el tamaño de los objetos que recoge. No necesita ver un ratón a más de mil metros como las águilas (lo que por otro lado no tiene sentido alguno, ¿para qué va a ver algo que no puede capturar?), ni tampoco olfatear un rastro como los cánidos ni ver de noche como las rapaces y los felinos nocturnos. El primate vive en espacios cortos, su vida se desarrolla en el bosque, es omnívoro, por eso puede distinguir múltiples sabores y también diversos colores, la percepción visual les indica, antes de acudir al tacto, si la fruta está o no madura. Las estructuras de nuestra percepción sensible están asentadas en nuestro nicho ecológico, en el campo de acción de nuestra animalidad biológica.


Pablo Picasso tras distintas etapas llegó al cubismo. Quiso comprender toda la realidad, advirtió que la perspectiva realista anulaba la realidad y quiso construir la deformación propia que impone el reflejo de un mundo estático en un mundo dinámico: narices de frente y de perfil a un mismo tiempo, rostros desplegados..., en suma, la lucha implacable del mundo de tridimensional contra el mundo bidimensional. El autorretrato de Van Gogh solo mostraba la oreja derecha, ¿dónde estaba la izquierda?. El pintor, en un ataque de locura, intentó enmendar tal error arrancándose la oreja izquierda (parece ser que esta historia es un mito, aunque es altamente ilustrativa). Unos antropólogos tomaron contacto con una comunidad primitiva que desconocía al hombre blanco y, por tanto, la tecnología. Filmaron imágenes de los nativos en su vida cotidiana y luego hicieron una proyección con todos sus protagonistas: ¿qué advirtieron? por un lado, el avance tecnológico no les llamó mucho la atención, pero había algo que les preocupaba y hasta les causaba pánico e inquietud: observar su imagen incompleta; los miembros que salían fuera de la pantalla, las medias caras, ¿estaban mutilados? Pero en el instante en que volvían a salir de cuerpo entero se tranquilizaban: el encuadre bidimensional de las imágenes limitaba su realidad, la relación mental realidad/símbolo que impregna el alma primitiva como dos aspectos de una misma realidad prevaleció sobre cualquier otra consideración.


Aparte de las consideraciones anteriores, el hombre posee un instrumento, la ciencia, a través del cual puede, si no captar la realidad objetiva en su totalidad, al menos, aproximarse bastante a ella, pero tambien la ciencia está condicionada, está condicionada e incluso limitada por sus propios paradigmas, ya lo puso de manifiesto Kuhn en la estructura de las revoluciones científicas y así estamos hasta ahora, en que la cuántica y el relativismo han acabado jodiendo al sentido común, es decir, al realismo aristotélico propiamente dicho