viernes, 28 de diciembre de 2012

¿De verdad entramos en un nuevo año?


Hoy estamos a Primero de Enero de 2013, ¿seguro? Hagamos un pequeño ejercicio de escepticismo, relativismo e iconoclastia que siempre es bueno y saludable, mejorando lo presente y sin ánimo alguno de aguar la fiesta a nadie, ¡faltaría más!

Nuestra organización del tiempo, estructuración, selección, etc ha sido siempre convencional y arbitraria.

Nuestro calendario oficial, sin ir más lejos, implantado por el cristianismo y, como consecuencia de la globalización, internacionalizado, parte de dos errores básicos: a) obviar el cero como dígito inicial, básico en nuestro sistema decimal, y  b) establecer arbitrariamente la fecha del nacimiento de un mesías cristiano que siquiera se amolda a los escasos acontecimientos históricos narrados por la Biblia, aparte del hecho de que la existencia histórica de Cristo es algo imposible de demostrar.

Por otra parte, ¿por qué tiene que ser el més de enero el del inicio del año? Si tuviese base astronómica debería empezar, al menos, coincidiendo con el solsticio de invierno, el 21-22 de diciembre. El problema es que astronómicamente los años no son enteramente solares: en la mayoría de las culturas han sido solar-lunares aunque en otras, como la islámica, enteramente lunares.

Para la elección del inicio del año los celtas establecieron el Samhaim (1 de noviembre), los romanos, antes de la reforma juliana, lo hicieron comenzar en marzo, las comunidades prehispánicas, coincidiendo con la llegada de la primavera, a comienzos de abril, para los chinos este año, llamado de la Serpiente, comienza el 10 de febrero, para los hebreos el 1 de Tishrei comenzó el año nuevo que se corresponde con el 29 de septiembre de 2012

En fín, que no sabemos a qué 2013 vamos, pues tampoco es con puridad el 2013 de la era cristiana sino de la era que fijó el monje Dionisio en el siglo VI con el objeto de sustituir el hasta entonces vigente 754 AUC (Ad Urbe Condita) Los musulmanes se encuentran en el año 1.434 de la Hégira, que en el calendario gregoriano correspondería al 16 de julio de 623, pero sus años son lunares y los hebreos empezaron su cómputo con la creación del mundo, así que están en el año 5.774.

Por lo demás, nos encontramos no sólo ante un solo tiempo sino a distintos tiempos: cosmológico, geológico, biológico, físico, histórico, cuántico .... Con la dificultad añadida de que la existencia misma del tiempo físico está sujeta a discusión.

martes, 18 de diciembre de 2012

De bueyes, de mulas y otros animales totémicos



La declaración teológica del Papa sobre la inexistencia del buey y la mula en el portal no aporta absolutamente nada nuevo por lo que a la doctrina católica se refiere, pues es cierto que no existe referencia alguna a estos animales en los textos canónicos. La única referencia la podemos encontrar en un Evangelio apócrifo medieval del siglo VI, el llamado PseudoMateo, que es la que ha impregnado al catolicismo popular y a la cultura belenística. 

Sin embargo, la presencia de esos dos animales totémicos es mucho más acorde

a la estructura del mito del nacimiento del héroe semidivino y semihumano que su ausencia. La imagen de la naturaleza protectora del crecimiento del niño impregna diversas mitologías, ya sea en forma de creencias religiosas o de cuentos populares donde las fuerzas naturales se alinean junto al héroe frente a la adversidad que trata de impedirlo. En la leyenda de Gilgamesh es el rey de Beroso, abuelo de este, el que, advertido de que un hijo de su hija le arrebataría el trono, encierra a su hija en una torre para que no pueda concebir, pero esta es fecundada por los rayos del sol. Enterado del nacimiento, arroja al niño desde lo alto de la torre, pero este es rescatado por un águila y entregado a un campesino para que lo críe. En distintas leyendas asiáticas se repite el mismo esquema de concepción solar, de entrega del neonato a las fieras que, lejos de devorarlo, lo protegen con su manto protector, desviando su camino tanto caballos como bueyes para no pisarlo, etc. El paralelismo con la leyenda de Herodes queda patente.

Aunque, para ser coherentes en el plano puramente mitológico, habría que proponer otro cambio de escenario, cambiar el establo por su original, la cueva o la gruta, puesto que Jesús nace en una cueva el 25 de Diciembre o el 6 de enero, según la versión pérsico-romana (Mitra) o egipcia-alejandrina (Dionisos, Eón y Osiris). Según los Evangelios, Jesús nace en un establo. No obstante, la palabra que suele traducirse por “establo” en los evangelios es “Katalemna” que literalmente significa refugio temporal o cueva. La cueva representa el vientre de la madre tierra. Sabemos de cuevas consagradas al dios Pan, Mitra nació en una cueva y que Zeus nació en una cueva en Creta. 

EL BUEY El toro es un animal totémico que cumple un importante papel en las
mitologías de Asia menor, desde la leyenda del rey Minos y el Minotauro en Creta hasta el ritual frigio del taurobolio. No podía faltar en las representaciones icónicas del nacimiento de Jesús, primo hermano de Mitra en el ámbito de las mitologías. En Egipto el buey Apis menfita fue un toro negro con marcas blancas sobre su frente y sobre su lomo, concebido cuando un rayo de luz cayó sobre una vaca. Por lo cual, se lo consideró sucesivamente hijo del sol, la corporización de Ptah y más tarde la reencarnación de Osiris.


 EL ASNO En Egipto, el asno rojo es una bestia feroz (el dios Set) con la que se encuentran los muertos en su último peregrinar; y como animal lascivo es abominado por Isis. En la India es la cabalgadura de las divinidades nefastas. En China, en cambio, el burro blanco es la montura de los Inmortales. Los poderosos de Israel montaban asnos blancos, limpios (Jue 5,10). En Grecia, Apolo convirtió las orejas de Midas en orejas de burro por preferir la música de Pan a la de Delfos, es decir, por preferir lo material a lo espiritual; es atributo de Dioniso, tal vez porque un burro llevaba el cofre que hacía de cuna al dios; era animal sagrado y sacrificado en Delfos. Para los romanos es atributo de Príapo, el dios de la fecundidad.
El niño solar, coronado con rayos solares, personificación del Sol Naciente


Conclusión. Sería conveniente respetar los arquetipos originales y evitar en lo posible racionalizar el mito. El precio de la historización de lo mítico, aparte de la pérdida de la coherencia narrativa, no es más que  la caída en el más espantoso de los ridículos

sábado, 24 de noviembre de 2012

Las secuelas de la evolución humana

Si hubiera que destacar una característica anatómica sobresaliente de nuestro diseño habría que hablar del bipedismo o bipedestación y de la posición erguida. En el linaje evolutivo se suele llamar homo erectus al primer homínido que llegó a la posición totalmente erguida. Nosotros, junto a los neandertales, tambien somos erectus, sin ningún género de dudas.

 En el proceso de hominización, la adquisición de la posición erguida supuso un avance en el sentido de que nos permitió liberar los miembros locomotores anteriores (brazos y manos) permitiéndonos recoger objetos y utilizar herramientas, pero para ello hubo que pagar un precio bastante elevado, un precio que aún hoy lo estamos pagando en la hipoteca más larga de la historia.

El hombre no está preparado para andar erguido, vistas sus consecuencias. Sufrimos de forma casi continua roturas de ligamentos, esguinces de rodilla, luxaciones, lesiones en el menisco, por no hablar de los problemas cervicales y de columna, que a partir de cierta edad se convierten en un auténtico calvario. Por otra parte, los costes del embarazo y el parto son mucho más elevados que los de cualquier cuadrúpedo: la pelvis ha de ser estrecha al encontrarse en el centro de gravedad del feto y este ha de ser expelido antes de su completo desarrollo siendo prácticamente un embrión.

En los cuadrúpedos es bastante más improbable una desviación de columna que en los bípedos como nosotros, puesto que el centro de gravedad de los primeros se reparte a lo largo de todo el cuerpo. En cambio, para los de nuestra especie es corriente tener problemas de columna (lumbares, dorsales y cervicales) dado que la columna actúa de soporte del cuerpo.

Son muchos factores los que han cambiado en nosotros al adoptar la
bipedestación, adaptaciones al medio que nos han favorecido en un sentido pero que también nos han generado más de un inconveniente, nuestra circulación se ve dificultada, eso es notable: buscad un cuadrúpedo con varices, es la dificultad del retorno venoso lo que hace que padezcamos este trastorno tan característico de nuestra especie; buscad un cuadrúpedo que sufra de insolación, no lo hallareis, solo nosotros somos incapaces de enfriar nuestro cerebro con suficiente velocidad cuando el sol incide de forma mantenida en nuestras cabezas.
Buscad un cuadrúpedo con escoliosis, ¿un gato, un perro?.

Cuesta menos mantener la postura en cuadrúpeda. En la lucha contra la gravedad se precisa menos energía para regar un cerebro cuando entre la 1ª y última vértebra podemos trazar una línea recta y resulta ser casi paralela al suelo. La verticalidad es muy costosa.

El habla y la capacidad para el lenguaje, esa facultad tan propiamente humana también ha tenido un precio, el de que podamos ahogarnos al tragar y el de que la bebida entre por el conducto respiratorio. Y es que sin el pronunciado descenso de la laringe, prácticamente unidos ambos conductos, no podríamos articular el lenguaje.

En nuestro caso particular las deficiencias de nuestra adaptación física la suplimos con la cultura, para algo somos un animal cultural o biocultural. De todos modos me parecería demasiado arriesgado entrar en el terreno de la futurología o de la ciencia ficción pues lo que va a pasar no lo sabemos o si los avances en ingeniería genética (ya no como evolución biológica sino cultural) logren paliarlas modificando nuestro genoma. ¡cualquiera sabe!

Si hacemos de la necesidad virtud, podemos asegurar que el despegue cultural fue clave no solo de su supervivencia sino de su ulterior supremacía. Un mal corredor (todos los expertos en locomoción subrayan las ventajas del desplazamiento cuadrúpedo sobre el bípedo a lo que yo añado que los cuatro miembros de los vertebrados son desventajosos si los comparamos con la pluralidad de miembros locomotores de los artrópodos. Los insectos pierden poco en sus facultades de desplazamiento si le falla una de las patas, no sucede lo mismo con un cuadrúpedo y menos, por supuesto, con un bípedo) un mal trepador (un animal bimano que ha perdido la prensibilidad de las extremidades posteriores) no podía tener mucho futuro. Y paradójicamente lo tuvo, las carencias se troquelaron finalmente en ventajas, su inespecialización biológica se convirtió en fuente de irradiación adaptativa, una irradiación adaptativa no le vino del bios ni de los genes. No precisaba de modificaciones morfológicas, anatómicas o fisiológicas, tampoco le supuso ningún problema las fuentes de nutrición: era omnívoro. Konrad Lorenz destaca la importancia de la no especialización biológica como factor clave de supervivencia de los llamados representantes “medios” del grupo taxonómico, y al respecto señala que

"Los animales exploradores siempre son morfológicamente representantes “medios” del grupo taxonómico del que provienen, como la rata entre los roedores, el cuervo entre los pájaros y, si no tenemos en cuenta el cerebro, el hombre entre los primates. La rata trepa peor que la ardilla, nada peor que el castor, corre peor que el jerbo y cava peor que el roedor subterráneo ciego Spalax, pero supera a todos estos especialistas en las tres funciones en las que no son especialistas. Resulta significativo que entre los animales superiores solo se hallan vuelto cosmopolitas los “especialistas en la no-especialización”.

También el hombre, llamado por Gehlen el “ser deficitario”, puede rivalizar en la versatilidad de sus funciones físicas con casi todos los mamíferos de dimensiones similares; cualquier hombre medianamente hábil es capaz de nadar un trecho bajo el agua y recoger al mismo tiempo un objeto del fondo, marchar veinticinco kilómetros por día y trepar por una cuerda. ¡Ningún otro mamífero es capaz de imitarlo!"

Ciertamente, el único primate totalmente bípedo es el hombre pues nuestros parientes antropoides más próximos, los gorilas y los chimpancés, se desplazan con la ayuda de los nudillos. Otros simios que se han adaptado al medio terrestre y han abandonado la vida arbórea, los babuinos, son cuadrúpedos. La visión binocular y estereoscópica, en efecto, fue una conquista del medio arbóreo y, de hecho, la compartimos con todos los primates. La binocularidad nos permite una percepción del espacio tridimensional aunque nuestro ángulo de visión es de 180 grados, la mitad del de los herbívoros de las llanuras que, a cambio, carecen de la percepción espacial.


Especies invasoras
Las manos son la más mortífera herramienta del medio animal y lo es precisamente por su versatilidad en un medio cultural, es decir, su capacidad para fabricar herramientas cada vez más sofisticadas. Existen otros primates que usan herramientas: los chimpancés saben cascar nueces, tallar ramas, hacer bastones, pero no lo hacen en un contexto cultural, siquiera transmiten sus conocimientos a las crías; lo que es la enseñanza y el aprendizaje, base de la transmisión cultural, no existe. Además, la herramienta la usan de forma ocasional, no habitual ni como medio básico de vida.

En el fondo lo que he buscado manifestar ha sido una sibilina crítica al creacionismo y a sus hijos, entre ellos, la doctrina del diseño inteligente, la idea de que el hombre es el Rey de la Naturaleza y que Dios lo hizo a imagen y semejanza suya, se trata tambien de una crítica a las doctrinas teleológicas basadas en la idea del progreso como móvil universal de la materia y la naturaleza.

Bajo la afirmación de que somos la especie dominante del planeta subyace un chovinismo bastante provinciano sobre nuestra condición. Una cosa es que seamos la especie más joven, según el reloj geológico y otra que seamos la especie dominante. Aunque te parezca absurdo y paradójico la especie dominante del planeta no pertenecería ni al reino animal ni al vegetal sino al de los aqueos, las bacterias. Decía Stephen J. Gould “Estamos en la Era de las Bacterias. Nuestro planeta ha estado siempre en la Era de las Bacterias. Las bacterias son- y siempre han sido- las formas dominantes en la Tierra. Nuestro fracaso en comprender este, el mas evidente de los hechos biológicos, surge en parte de la ceguera de nuestra arrogancia, pero tambien, en gran medida, como un efecto de escala.”

Las bacterias son el tipo de célula que mas tiempo ha vivido en la Tierra. Aparecieron hace mas de 3.500 miillones de años, su número es muy grande y ocupan una cantidad muy variada de ambientes, por lo que resulta dificil imaginar un cambio planetario que las haga desaparecer por completo. Es muy dificil calcular el número de bacterias que habitan el planeta, sin embargo, sabemos que un gramo de tierra fertil contiene miles de millones.

En un centimetro cuadrado de piel humana hay unas 100.000 bacterias. A lo largo de la vida de una persona, habitan en su intestino muchisimas mas bacterias que todos los seres humanos que alguna vez han existido.

Ademas existen bacterias que habitan ambientes donde seria imposible la supervivencia para los seres humanos. A partir de los años 60 del siglo pasado se han descubierto bacterias que pasan toda su vida dentro del hielo o por encima de los 100ºC, en ambientes altamente ácidos o alcalinos o salados y bajo la presión de los mas profundos fondos marinos.

Sí, la cuestión es que la tendencia a la complejidad no tiene por qué ser más ventajosa cara a obtener una mayor viabilidad o para asegurar la supervivencia de la especie o del individuo. La naturaleza baraja distintas estrategias de supervivencia, la estrategia R que suele ser la propia de los animales menos complejos (invertebrados, peces...) donde una puesta de muchos huevos y alevines garantiza la supervivencia de un número determinado de ellos  y la R, propia de los vertebrados superiores, aves y mamíferos, consistente en dispensar un continuo cuidado a las crías hasta su plena viabilidad. No podemos decidir, a priori, cual es más o menos ventajosa, aunque ambas lo son cada cual en su ámbito.

A las grandes extinciones no suelen sobrevivir especies muy grandes, como tú has dicho, y en estos casos la ventaja no viene dada por la complejidad sino por su menor dependencia de grandes fuentes de energía y calorías, los más pequeños cuentan con ventaja y también los menos especializados, favoreciendo siempre a las especies medias, que no tienen por qué ser las más complejas.

Lo que sucede con el paradigma del progreso es que lo tenemos incrustado en el pensamiento de occidente y si hubiera que encontrar un origen tendríamos que remontarnos a mucho antes de Darwin y Lamarq, al pensamiento de Aristóteles y a su cadena del Ser donde los seres existentes se colocaban en un orden ascendente de lo simple a lo más complejo, más "perfecto", en el lenguaje de la escolástica tomista, algo así como una ascensión con el hombre y, por supuesto, el creador, como cúspides.

Lo que sí se ha podido probar es que el bipedismo y la posición erguida no fueron consecuencia de un mayor desarrollo de la inteligencia y habilidades cognitivas de los primeros homínidos ni tampocode la destreza manual y habilidad en la fabricación de herramientas. Los australopitécidos, dada su capacidad craneal,  no tenían más inteligencia que los actuales gorilas. Sin embargo, el hecho de desplazarse a dos piés en las llanuras interboscosas de la franja del Rift africano si debió suponer una ventaja. Las manos como órganos prensiles entendidos más como auxiliares del medio terrestre que del arbóreo pudieron servir para el desplazamiento de crías o de alimentos.

Con lo que podemos dejar sentado que el bipedismo fue causa más que consecuencia del desarrollo de la inteligencia y habilidad manual, puesto que la inserción del cráneo en una nueva base permitió el crecimiento del cerebro. Aunque sobre las causas del crecimiento del cerebro algunos apuntan que no están relacionadas con la inteligencia sino con una forma de defensa de las insolaciones al ser este el órgano más expuestos a la acción del sol. Las lesiones cerebrales se compensarían, por decirlo así, con una masa encefálica lo sufiecientemente amplia como para poder compensarlas. Se ha comprobado que, dada la plasticidad del cerebro, tras un accidente que ha afectado a una determinada área, ha sido desplazada la función a otra. Según dicen algunos, como Fialkowsky, tambien los cetáceos se vieron obligados a dotarse de un gran cerebro como medio de compensación de las lesiones sufridas tras elevados períodos de inmersión y anoxia.


Pues sí, el cerebro es el órgano más complejo del que disponemos y, al mismo tiempo, la última adquisición de la evolución: en un período de unos escasos cientos de miles de años se duplicó en tamaño y, en el último millón se triplicó: de los poco más de 400 cm3 del homo hábilis sapiens ha llegado casi a los 1.400 cm3. A parte de eso es un órgano muy caro, un órgano que representando sólo el 2% de nuestro peso consume el 20% de la energía que suministramos al cuerpo. 

 Ni el más potente ordenador puede dirigir tantas rutinas a un mismo tiempo como ir andando por la calle, que implica un ejercicio de coordinación y equilibrio, observar los letreros de los escaparates, ver las imágenes, leer las ofertas, está procesando información visual y simbólica, mientras dialogas con tu acompañante (emites e intercambias información simbólica a un mismo tiempo) a la par que te estás tomando un helado y disfrutando de su sabor (ingieres un alimento, evitas que se derrita, etc) ... realmente se trata de una acción cotidiana que procesa millones y millones de bytes, de sinapsis, de impulsos y estímulos del sistema nervioso, algo francamente inimitable.

En nuestra naturaleza se encuentra tanto el raciocinio como la irracionalidad, la hybris y la lógica, que cohabitan, se turnan, se desplazan, se inhiben, etc, conviviendo de miles de formas distintas. Linneo, con excesivo chovinismo por su parte, catalogó a nuestra especie como "homo sapiens", lo cual solo describe una parte de nuestra realidad. Edgar Morin prefiere una doble definición, homo sapiens/ homo demens pues nuestra racionalidad y nuestra demencia caminan al unísono. Aunque, en realidad, tanto la agresividad como el amor y odio ya existían de antes en el mundo animal, con capacidad menos destructiva, por supuesto.

Y, desde luego, la locura y las enfermedades mentales, el enrocamiento del cerebro creando alucinaciones, falsas vivencias ligadas al fallo de los neurotransmisores como la OBD (Out Body Experience o sensación de salirse del cuerpo) y recuerdos y delirios de todo tipo es algo de lo que,  aunque no tengamos la exclusiva, es más propia del hombre y de su gran cerebro que de las restantes especies. Todo tiene su precio.






miércoles, 24 de octubre de 2012

¿Humanización de la sexualidad?


No entiendo muy bien qué ha querido decir el Papa cuando habla de humanización de la sexualidad.

En principio es, como otras muchas frases del Papa, una frase con pretensiones pero profundamente hueca, absurda y sin contenido. Daría el mismo efecto aludir a la humanización de la respiración, de la nutrición y digestión. Las funciones fisiológicas del reino animal se basan en idénticos principios.

Pero a lo que se refiere el Papa es al uso del preservativo como algo que, al parecer, deshumaniza o animaliza a la persona. Desconozco la existencia de especie animal alguna que utilice frecuentemente el preservativo como medio anticonceptivo, como igualmente desconozco alguna otra que adopte medidas de forma consciente contra el contagio de enfermedades venéreas, previa a la realización del acto sexual.

Precisamente el uso del preservativo o de cualquier otro medio anticonceptivo es un síntoma de humanización, de empleo consciente de utensilios para un fin determinado como rasgo definitorio del homo sapiens.

Si tuviéramos que empezar a desmitificar habría que entrar en su propia casa, la Iglesia Católica (como cualquier otra, pero como hablamos específicamente del Papa me refiero a ella) y a sus múltiples fetiches. Ya Feuerbach decía que para rescatar al hombre, su humanidad, era preciso desterrar la divinidad misma como expropiadora de la condición humana.

El sexo no encierra misterios místicos, es una faceta de nuestra realidad existencial y no entiendo por qué no va a ser legítimo como medio de búsqueda del placer y satisfacción del deseo, algo que no considero criticable en absoluto si ambas partes obtienen un provecho recíproco. ¡Cómo cambia la Iglesia Católica en la apreciación de las cosas! El sexo siempre había sido objeto de estigmatización por ser pecado y ahora resulta ser un medio privilegiado de comunicación aunque dentro de un orden, previa bendición eclesiástica de una promesa de eterna monogamia.

Del mismo modo que el empleo de la herramienta en el trabajo y en nuestra actividad cotidiana, como todo acto que implique previsión y anticipación al futuro, es un síntoma de humanización puesto que implica liberarse de los límites a los que nos sujeta nuestra mera condición biológica, en empleo de preservativos y otros medios anticonceptivos se enmarca en la humanización de la sexualidad en tanto que nos hace libres de elegir cuando queremos tener descendencia y cuando no. El preservativo es profundamente humano, nos libera de contraer enfermedades infecciosas y nos permite vivir sin riesgos.

La cultura y la tecnociencia, caracteres humanos, nos hacen alcanzar aún mas metas, desligando la reproducción de la sexualidad. Gracias a las técnicas de reproducción asistida y de fecundación "in vitro" el hombre puede rebelarse, mediante la ciencia, contra la esterilidad y todo eso es progreso, es humanización en el pleno sentido de su palabra.

El Papa no quiere humanizar la sexualidad, la quiere teologizar, sujetarla a trabas, prejuicios y principios de orden religioso.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Del Amor o de como la bioquímica se convierte en misticismo


Se suele confundir la pregunta ¿Qué es el amor? con esta otra ¿cómo te sientes cuando te enamoras? que no son lo mismo. Con este tema derivamos nuevamente a la diferencia entre la perspectiva etic y emic tan usada en antropología para distinguir entre la descripción del ritual vista por el observador externo y la de quien es partícipe de ese mismo ritual. Evidentemente, quien se dedica a escribir  poesías y escuchar música de rollo y precalentamiento junto a su pareja u objeto deseado no logrará desde su perspectiva contestar a la primera pregunta. Y, lo siento, para explicar el amor hay que recurrir a hormonas (la oxitocina, en este caso) y a las áreas del cerebro que lo regulan. No estoy hablando de sexo, pues la excitación va por otras glándulas más ligadas al apetito y a la satisfacción del placer y que tienen más connotaciones digestivas, por tanto. 

Incluso la estructura misma de los celos ha sido modelada por la selección natural. Los celos del hombre se centran en la infidelidad carnal de la mujer, que haya tenido sexo con otro hombre, mientras que los de la mujer, en la infidelidad emocional de su compañero. Ello se debe a que el éxito biológico del macho reside en garantizar que se perpetúen sus genes antes que los de un competidor, y en la hembra, a encontrar un núcleo estable de convivencia con el macho que le asegure la procreación y crianza de los hijos.
  
El amor como sentimiento se puede describir con muchas palabras cursis o leyendo muchas poesías, novelas rosas o viendo muchos culebrones o escuchando tonadillas y boleros, pero el proceso en sí mismo sólo es explicable en términos científicos, por muy fríos y duros que nos parezcan

 Parece que hemos derivado el tema del amor de lo científico a lo religioso, como un dilema entre creer o no creer. En el amor no se cree, más bien se experimenta y eso es algo que nos toca a todos como humanos que somos. El mismo dicho "el amor es ciego" ya es bastante expresivo de lo que estamos hablando: de una emoción muy intensa que anula o inhibe la parte racional del cerebro. En efecto, tenemos dos cerebros, dos hemisferios, y dos puertos paralelos, el analítico, racional, matemático, y el pasional, donde se alojan las emociones y los sentimientos, la simpatía, la empatía, el amor, el odio ... ¿Significa que seamos una cosa u otra? No, por supuesto, somos las dos, una síntesis de ambas.

Pero cuando se aborda un tema de este tipo caben tambien las dos opciones, los dos enfoques, el poético-místico e irracional y el científico, desapasionado, analítico y racional. Prefiero centrarme en esta perspectiva, más que nada por la naturaleza de la regunta y situarme, en la medida de mis posibilidades y evitando las interferencias del otro lado, como espectador frío y desapasionado, o bien, provisto de una única pasión, la del conocimiento de la realidad que siempre es fascinante por definición. El caso es que el tema se ha estudiado con distintos medios y lo que queda fuera de toda discusión es que el amor no reside en el corazón que, a fin de cuentas sólo es una válvula que bombea la sangre sino en el cerebro, y que el romance se desarrolla en la parte derecha del cerebro y el atractivo en la izquierda.

Dos zonas del el cerebro son centrales en el enamoramiento: el área derecha tegmental ventral o VTA y el cuerpo caudal dorsal, de modo que, como dice Helen Fisher, el colocón del enamorado lo producen las sustancias que fabrica su cerebro: el alto nivel de norepinefrina, que produce euforia y pérdida del apetito; el bajo nivel de serotonina tiene que ver con la obsesión de estar con el amado.

En cuanto al objeto amado o deseado puede variar según los casos e intervenir el efecto sustitución derivándolo de lo humano a lo divino. Los éxtasis místicos de Santa Teresa expresan una síntesis muy curiosa entre el apetito libidinoso reprimido y la pasión hacia los entes místicos. La represión activa los mecanismos de sublimación y, con estos, el éxtasis. 

Otra cuestión,sería el tema del odio, es la proximidad de ambos sentimientos que es tal que precisamente la misma área del cerebro que regula el amor es la que se encarga de regular el odio. En fin, que direis que amar es no tener que decir lo siento y cosas de esas por el estilo como los poemas de Pablo Neruda e incluso en mi pasión por la música encuentro  esas mismas áreas cerebrales y acción de neurotransmisores, pero al escuchar a Mozart no pienso en esas cosas, sólo percibo su música y con eso es suficiente.

martes, 28 de agosto de 2012

A vueltas con los alienígenas, un intento de aproximación racionalista


¿Cómo suelen ser esos pretendidos alienígenas?. Generalmente su estructura anatómica es esencialmente humana, o bien humanoide aunque modelada con ligeras variables referentes al color (suelen ser verdes), tamaño de la cabeza (muy grande, pues son “muy inteligentes”) y demás accesorios: antenas, trompetas y demás arsenal que nos ha ido suministrando el mundo de los comics. Pero los autores de ficción científica no se quedan atrás: ¿porqué siempre se les supone una  anatómica humanoide o protohumanoide como el muñeco de Rosswell? 

Es inmensa la cantidad de azares que han intervenido a través de la historia biológica para la configuración del cuerpo humano: de los peces a los reptiles, de estos a los mamíferos, dentro de estos los roedores, los plesiadapiformes, los adápidos, los omómidos,  los lemúridos, los prosimios, procónsul, homínidos, homo.. Resultado de un contínuo desarrollo y desplazamiento de medios, impulsados por cambios climáticos y glaciaciones, por modificaciones de hábitats y generación de nuevos: de los Océanos a la Tierra firme y dentro de esta a los árboles de los Bosques, y de estos a las Sabanas... Es una historia singular e irrepetible, incluso en el difícil caso de que en nuestro mismo planeta se volvieran a reproducir procesos consecutivos.
Por eso me llevo las manos a la cabeza cuando advierto que fenómenos contingentes y singulares adquieren en manos de estos divulgadores ufólogos un plúrito de universalidad. La naturaleza, según ellos, tiene en todas partes y en todos los tiempos la natural tendencia a construir seres humanos o similares. Hemos de atribuirlo a la escasa imaginación o a la poca formación científica  de los autores de ficción científica y a ambas cosas a la vez,  unidas a prejuicios antropocéntricos rayanos en la demencia teológica. Si hacen uso de la imaginación, por lo menos lo que podían hacer es instrumentarla creativamente, que recurran con más asiduidad al arsenal de la ciencia que al de la teología y el animismo. Me sitúo en el bando de los incrédulos, pues no hay motivo alguno para suponer la existencia de vida extraterrestre, pero una vez puestos en el fantaseo, podemos imaginar muchas cosas.

La ficción científica se encuentra atrapada en los paradigmas geocéntricos; en cierto modo el pensamiento de los autores de ciencia ficción siguen siendo mentalmente ptolemáicos, no han captado aún la importancia del giro copernicano y en tal sentido no escapan a los parámetros terrícolas. Nuestro sistema solar ha formado dos grupos de planetas, los interiores de superficie sólida (Mercurio, Venus, La Tierra y Marte) y los exteriores, grandes masas de gas (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno), la vida que conocemos se ha generado en un planeta de superficie sólida y líquida, se ha formado a partir del agua en estado líquido, nuestras estructuras vivientes son gelatinosas, semisólidas y semilíquidas cierto, pero, ¿no se puede imaginar (ojo, digo imaginar, no que vaya a ser cierto o incluso a poder ser cierto) la posibilidad de que emerjan formas de vida en estado gaseoso en aquellos mundos cuya elevada temperatura impida la formación de agua en estado líquido, algo así como nubes animadas (incluso pensantes) o la existencia de estructuras auto-replicativas que no se basen en la doble hélice de ADN, en los veinte aminoácidos básicos, o en la química del carbono sino la del silicio?

Isaac Asimov hizo en este sentido auténticos ejercicios de imaginación con base científica. A la pregunta de cómo habría de ser un marciano, en el sentido literal de habitante de Marte, no hablaba de hombrecillos verdes ni demás chapuzas de la imaginación (más bien falta de imaginación) de los iluminados abducidos, sino un auténtico ejercicio de probabilidades teniendo en cuenta un conjunto de variables fundamentales como la masa del planeta Marte, la fuerza de atracción gravitatoria, sus ciclos de rotación y traslación, las temperaturas, los compuestos químicos existentes, etc. si se hace una especulación, lo menos que cabe esperar es que se haga correctamente.

Pero nos encontramos con cada producción sobre extraterrestres que la verdad es que más que en el género de ciencia ficción se las podría encasillar en otros géneros. Como exponente máximo de cine religioso/extraterrestre nos encontramos con la película ET (un reptil humanoide), que más que una película de extraterrestres, lo que parece es una versión yanqui y bastante babosa de la nacional y relamida “Marcelino, Pan y Vino”. Pero antes de los marcianos místicos y angelicales el turno correspondió a los marcianos de guerra fría como los de “La Guerra de los Mundos”, “V”, “Independence Day” , auténticos soldados de Hitler o Stalin dispuestos, con total frialdad, a exterminar a toda la humanidad. Pero la paranoia de Guerra Fría llegaba aún más lejos, los enemigos no tenían porqué venir forzosamente del exterior en sus sofisticadas naves, podían también infiltrarse, y al abrigo ideológico de la caza de brujas y el maccarthismo, aparecieron películas como “La Invasión de los ladrones de cuerpos” en una primera versión y en una posterior llamada “La Invasión de los Ultracuerpos”, donde los extraterrestres arrojaban unas esporas que, en contacto directo con los cuerpos humanos, tenían la propiedad de duplicarlos a medida que iban succionando los originales. Sin embargo, era posible identificarlos al ser seres que no mostraban la menor emotividad, fríos y calculadores, exactamente iguales a los comunistas de las películas de guerra fría  ; y en otras, como la serie de los años sesenta “Los Invasores”, los extraterrestres tenían cuerpos humanos, también se infiltraban, pero algo los delataba, su dedo meñique no se plegaba en los apretones de manos y se les podía detectar exactamente igual que a los masones, que se dan a conocer mediante un saludo similar (introduciendo dos dedos bajo la palma de la mano), toda una conspiración judeo-masónica.

Pero no todos los visitantes tenían porqué ser invasores ni albergar ansias colonialistas, y de ese modo nacía otro subgénero, el de los extraterrestres menesterosos y apátridas, exiliados políticos o espaldas mojadas, que se dirigen a la Tierra en busca de un lugar para vivir una vez que su Planeta originario se encuentra al borde de la muerte ecológica (si no extinguido) o que sus adversarios interplanetarios se han apoderado del suyo, como es el caso de “Alien Nation”. Al socaire de lo dicho es fácil observar que los extraterrestres del cine no andan muy lejos de la Tierra, en vista a que han sido construídos en sintonía con los miedos y tensiones emanados del clima político y económico de cada época.

La estrechez de miras y la generalización son los clásicos mecanismos ideo¬lógicos que intervienen en la elevación a mito de lo inmediato; La extrapolación de las formas y magnitudes de lo conocido para iden¬tificar lo que no se conoce entra más en la esfera de las mitologías y de las religiones que en el ámbito de lo propia¬mente científico. El biólogo norteamericano Stephen Jay Gould, pese a que se pronuncia favorablemente a la posibilidad de vida extraterrestre inteligente, hace en relación a las novelas y películas de ficción la siguiente observación:

Los físicos, siguiendo el estereotipo de la ciencia como empresa previsible y determinista, a menudo han planteado que si los seres humanos surgieron sobre la Tierra, debemos inferir (dado que las causas llevan inevitablemente a los efectos) que en cualquier planeta que iniciara su historia con unas condiciones físicas y químicas similares a aquellas que se dieron en la Tierra primigenia deberían de surgir criaturas inteligentes de forma humanoide. Tal vez esta perspectiva determinista sea la responsable de la limitada imaginación de los cineastas y los escritores de ciencia-ficción, con su inacabable colección de criaturas diseñadas todas con un modelo humano, con dos ojos, nariz, dos brazos y dos piernas.

Ojos para ver, oídos para oír ... ni siquiera las estructuras vivientes de la Tierra reproducen al pié de la letra dichos modelos. Los murciélagos, sin ir más lejos, se valen de los oídos no para oír sino para ver. Al fin y al cabo, los órganos de los sentidos (físicos) son receptores de espectros de ondas. ¿porqué van a ser ciegos los murciélagos?. Su sofisticado sistema de ecolocalización les permite percibir el menor obstáculo, las formas aunque no los colores. El sonido que emiten mediante chasquidos desempeña el papel de una linterna acústica incorporada a su organismo. Los murciélagos realmente pueden “ver” aunque para ello no necesitan de los ojos, su cerebro ha de interpretar el choque de ondas sonoras como una sensación similar a la de ver. La moderna tecnología ha renunciado en gran parte a la óptica para visualizar objetos fuera del alcance de la vista: así la técnica ecotomográfica, cuyos fundamentos son idénticos a los de la ecolocalización de murciélagos y cetáceos, se usa para visionar órganos internos, también tenemos la resonancia magnética o el radiotelescopio, basados en la emisión de ondas magnéticas. Y si no todos los seres vivos de este planeta cuentan con los mismos sistemas de conexión con el entorno, ¿porqué esa similitud entre hipotéticos seres extraterrestres?.

 Pero cuando empiezan a colmar el colmo de los colmos es desde el mismo momento en que vemos en esas películas de extraterrestres cómo hablan perfectamente el inglés (aunque nosotros lo escuchamos doblado al castellano). En nuestro planeta es ya bien difícil seleccionar al azar, entre los seis mil millones de sus moradores, a una persona que hable tu mismo idioma. Pues no digamos lo que sería en el espacio exterior encontrar a un extraterrestre, no solo humanoide, sino que también hable a la perfección el idioma imperial terráqueo.

viernes, 29 de junio de 2012

El Fútbol


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Resulta muy fácil criticar, desde una postura elitista e intelectualista, los fenómenos de masas como fenómenos de alienación y embrutecimiento colectivo. Lo que no se puede esperar en modo alguno es que las masas, tras su monótona y gris semana laboral, se encierren en las bibliotecas a leer atentamente la Crítica de la Razón Pura de Kant, los Diálogos de Platón o el Ulises de Joyce o que deleiten su espíritu en la sala de conciertos mientras escuchan la Incompleta de Schubert o la Sinfonía Heroica de Beethoven. Como vengo afirmando reiteradamente, toda estructura represiva precisa de una transgresión a su justa medida.


La transgresión regulada tiene muchos nombres: evasión de la realidad, entretenimiento, ocio, diversión o espectáculo. La transgresión en cierto modo nos ayuda a vivir.  El hecho de que el Capital haya convertido o integrado la transgresión como negocio y fuente de pingües beneficios no invalida el hecho sustancial de que los grandes espectáculos de masas, y en particular los deportivos, sean parte esencial de la existencia humana. Incluso el hecho mismo de que el fútbol, como transgresión identitarizadora, intervenga como un agente activo en la construcción e intensificación del sentido identitario de pertenencia a la nación, no nos puede hacer pensar que su ausencia fuera a remediar esta situación: son muchas las bazas y los repuestos que tiene el nacionalismo a su alcance. Aparte de las funciones especificadas, el fútbol, como cualquier otro espectáculo deportivo de evasión,  ha desempeñado un papel crucial como nexo bio-social, como punto de intersección imaginario entre nuestra animalidad y nuestra culturalidad o, simplemente, como forma de transgresión-regresión a nuestros componentes instintivos más primarios. Tampoco tiene porqué ser criticable la tendencia a la regresión a la animalidad. Es, más bien, inevitable: cuanto más intensas sean las tentativas civilizatorias de una sociedad, con tanta más fuerza surgirán esas tendencias regresivas-transgresoras.

Unos grupos de humanos se enfrentan a otros. Ambos se encuentran  desprovistos de artilugios y otros artefactos técnicos que no sean unas botas y un balón de reglamento. Se prohíbe el uso de las manos, de esos órganos prensiles que tan necesarios nos son en la vida cotidiana y que tan decisivo papel desempeñaron en nuestro proceso de hominización. Es como si se penalizaran las facultades orgánicas que en su momento conectaron a homo sapiens con la cultura. Cada equipo cuenta exclusivamente con dos órganos prensiles, los del respectivo guardameta. Solo se juega con las piernas y con los pies, se activan los músculos de la marcha, la carrera, el salto. Solo vale la patada y el cabezazo, la persecución de un objeto  al que no se le puede retener ni tocar, solo golpear con el pie. Pese a que las distintas  trayectorias seguidas por el balón obedecen a las patadas y cabezazos de los jugadores, este se comporta casi como un objeto de la naturaleza que, sujeto a dos sistemas de trayectoria opuestos, adquiere su propia autonomía como un ser vivo difícil de dominar y darle caza.
  
Representación Improvisada e Improvisación Representada

La Representación Convencional (Sin Improvisación): Lo que caracteriza a la música y al teatro es su cualidad de representaciones creadas y producidas con anterioridad a su puesta en escena, a su conversión en espectáculo. Los actores y los intérpretes han de limitarse a conocer el papel, el texto y la partitura. El autor-creador ya no está en la escena, incluso puede haber muerto hace mucho tiempo. Los intérpretes se limitan a reproducir la obra fielmente. de ellos solo puede esperarse su capacidad de reproducción técnica y su expresividad artística aunque nunca saliéndose de los marcos y formas que dirigen la estructura general de la obra. Los actores se meten en el papel, los intérpretes se ajustan a los compases de la partitura. El margen de improvisación permitido en este caso es mínimo, el que pueda resultar de la voluntad del creador o del especial virtuosismo del intérprete. La música, sin embargo, puede fabricarse sin creador, en el sentido de que el intérprete puede hacer las veces de intérprete y creador al mismo tiempo. La música instrumental oriental no obedece al mismo esquema que la de occidente. el intérprete puede improvisar durante horas sobre la base de unos acordes y unos compases. existe un género, como el Jazz, basado enteramente en la improvisación

La Representación Improvisada Vemos que el teatro en todo caso lo que hace es imitar a la vida, reproduciendo aspectos de la vida congelados. La Antígona de Sófocles se ha reproducido cientos de miles de veces y se reproducirá otros tantos cientos de miles sin que se llegue a variar ni una sola coma del argumento. Jamás veremos dos competiciones de baloncesto, boxeo o golf idénticas. La especificidad del deporte, de la competición deportiva, en calidad de juego-espectáculo, radica en la puesta en escena de un género de representación que incorpora a un mismo tiempo la aleatoriedad o incertidumbre y la creación escénica con base a unas reglas. La primera regla la establece el marco general bajo el que se desenvuelve, el escenario propiamente dicho. El tipo de competición deportiva que enfrenta dos rivales en el campo, pista, ring, etc se nos presenta como una síntesis dialéctica cuya unidad es la resultante del diferente juego de los adversarios, de la conjunción de estrategias dispares, de sus acciones y de sus correlativas reacciones, de los sistemas de defensa y de los de ataque correspondientes. La competición deportiva es todo un campo de prueba de habilidad, de  táctica y de estrategia. Pone en juego los reflejos y  la capacidad de respuesta, el ingenio y la capacidad de improvisación, del engaño así como de la capacidad de o dejarse engañar, de la resistencia y de la maniobra de desgaste. Se trata de toda una puesta en escena de la práctica intelectual y material humana, de su juego por la supervivencia, de las inexorables leyes del azar y de la necesidad, de las reglas que impone la vida, de la técnica como medio de sortear el azar y la incertidumbre, de una técnica que nunca impone la primacía porque a lo que ha de enfrentarse es a otra técnica que puede ser desconocida para el adversario, explotar el factor sorpresa, jugar al despiste, al agotamiento del contrario... todo está en el juego. Lógicamente todos estos elementos lo convierten en un impulsor y propagador de primer orden de pasiones y emociones humanas.

 La representación improvisada ocupa su lugar como espacio limitado de transgresión de una sociedad civil que, definida y constituida en un principio como participativa, ha acabado amputando de sí misma las formas y mecanismos de participación alienándolos bajo las estructuras de la representación, que ha sectorializado la actividad económica y el conjunto de la vida cotidiana en compartimentos estancos, donde la vida está organizada y planificada hasta el mínimo detalle sin que se permita la más mínima improvisación.

Indudablemente, se ha producido un trasvase de pasiones gregarias, asociativas e identitarias, de la mano de la efectiva despolitización del mundo de la política. La política altamente burocratizada y tecnocratizada del mundo occidental ha lanzado en tropel a los ciudadanos a depositar esas antiguas pasiones

El Fútbol como placebo universal de la política

Por eso son necesarios los sucedáneos, motivos que tengan entretenida a la ciudadanía, temas a los que puedan acceder, que les permitan hablar y comunicarse entre sí partiendo de un mínimo de conocimiento de causa y que a su vez suscite pasiones partidistas ... ¿qué mejor que el fútbol?  El fútbol es sin duda un sucedáneo especial, se sirve con una regularidad asombrosa, cuenta con todos los ingredientes de la política: líderes, seguidores, escudos, banderas e himnos. Los periodistas a diario acosan y recaban las interesantes declaraciones de un entrenador de fútbol  con el mismo interés y la misma consideración que le pudiera corresponder a un Primer Ministro.  Además, y esto es lo más importante, imprime un fuerte sentido de Identidad y de pertenencia al grupo (de hecho, los políticos nacionalistas son conscientes del papel que desempeña el fútbol en la formación de la Identidad nacional y en esa medida fomentan dicho deporte.  No es, ni mucho menos, casual, que en el trasfondo de la rivalidad Real Madrid C.F. - F.C. Barcelona descanse la tensión entre el nacionalismo españolista y los nacionalismos periféricos).  

La participación del seguidor entusiasta, al igual que sucede en la alta política, resulta irrelevante en la medida en que el resultado final, hagan lo que hagan, digan lo que digan y piensen lo que piensen aparece como inmutable e independiente de sus deseos. No pueden votar ni decidir el resultado. Quizá eso sea lo que transmita más emoción y entusiasmo, la incertidumbre del resultado final. La victoria solo está en manos de los dioses: un equipo puede jugar bien y perder y otro puede jugar mal y ganar, además de que las victorias no dependen de uno solo sino también del contrincante, de la intersección de ambos, si no del eterno culpable, el árbitro. 

También, al igual que en la política, se transmite la alegría por el triunfo y el pesar por la derrota, la decepción y el desencanto. El fútbol es reino de la indeterminación y de la incertidumbre, del azar y de la necesidad, nadie está predestinado a ganar ni a perder, los equipos mejor dotados y equipados técnicamente, mejor coordinados y sincronizados no tienen en sus manos todas las bazas del triunfo. La improvisación juega también así como la estrategia del despiste del bando contrario. El fútbol es estrategia militar concentrada en el césped. Juegan también los factores naturales, el tiempo y el clima. Los ejércitos regulares muy bien saben que poco o muy poco pueden hacer contra las anárquicas guerrillas, conocedoras del terreno, invisibles la mayoría de las veces y con muchas posibilidades de tender una emboscada mortífera. La estrategia futbolística, al igual que la estrategia militar, es síntesis entre planificación e improvisación, una síntesis donde difícilmente puede adivinarse donde llega lo planificado y donde empieza lo improvisado

El sentido de la cúspide, el del momento decisivo y decisorio, que en política se produce de tarde en tarde, solo con ocasión de las convocatorias y escrutinios electorales, en el fútbol es contínuo, se reproduce de encuentro deportivo en encuentro deportivo, que suele ser semanal, incluso diario. Pero no deja de ser un sucedáneo, un placebo que a la par que incorpora las formas y rituales propios del mundo de la política, su resultado es irrelevante para los intereses del seguidor. Y ese es, a su vez, su gran peligro. Su radical visceralidad. Como sucede con los nacionalismos no hay vasos comunicantes ni trasvase de seguidores de los clubes. El sentido de pertenencia al grupo es de otro orden distinto al racional, es de orden tribal.

El Fútbol como campo de observación en etología

He de reconocer que nunca me ha interesado el fútbol en sí mismo.  Cuando retransmiten un partido no es en el césped en lo que me fijo, sino en lo que hay alrededor, los espectadores. Contemplar a la hinchada en acción es todo un espectáculo, toda una puesta en acción del lenguaje gestual; muecas de todo tipo, gesticulaciones hiperbólicas, saltos de alegría, gestos de indignación, abrazos de regocijo, suspiros de alivio, vellos erizados, dientes castañeteantes, rostros en tensión fruncidos ... toda la gama de sentimientos que nos liga a nuestra animalidad mamífera: amor, odio, alegría, tristeza, entusiasmo, indignación, placer, regocijo, rabia,  es como si el simio que llevamos dentro  saliera de nosotros para manifestarse con entera libertad.  Esa faceta de nuestra realidad, reprimida por la cultura y que se manifiesta dosificadamente en nuestra vida cotidiana, explota y se multiplica en el contacto directo con el grupo. El colectivo en estos casos puede desempeñar el mismo papel que las sustancias excitantes y alucinógenas, en calidad de protector social del éxtasis y de agente multiplicador de emociones. Las facultades de razonamiento y discernimiento retroceden en la misma medida en que el componente anímico no-racional va ocupando el puesto vacante. Las personalidades individuales se entretejen y cuasi-disuelven en el órgano colectivo hasta el punto de estructurar un sistema de gritos y movimientos acompasados grupales. La emoción vivida pone a todos de pié al unísono y los hace levantar los brazos al compás sin que una orden de fuera lo imponga. Se crea un sentimiento de grupo, colectivo

sábado, 16 de junio de 2012

Y el hombre hizo al perro ....

El título de este artículo es algo así como una corrección al de un conocido ensayo del etólogo austriaco Konrad Lorenz llamado "Cuando el hombre encontró al perro", porque no es que se lo encontrase exactamente, puesto que el perro como tal no existía en la naturaleza hace por lo menos 20.000 años en los que se calcula que las primitivas bandas cazadoras-recolectoras entraron en contacto con los cánidos antecesores, los lobos, depredadores sociales, en eso coinciden con el hombre y, por el mismo motivo, también competidores en la caza. El perro fue el primer animal que el hombre domesticó y las evidencias ya se encuentran por primera vez al sur del Río Yangtsé hace 16.000 años.


Para que esa primitiva rivalidad se acabase convirtiendo en simbiosis debió producirse un proceso de aproximación  y de intercambio de alimentos que aportara beneficios recíprocos a ambas especies. El caso es que una de ellas fue paulatinamente modelada y humanizada. El caso es que el perro no es una especie natural, es una especie humana. Parece absurda esta última expresión, dado que todos sabemos muy bien que lo que son los humanos, una especie del árbol de los primates. Pero cuando uso el término humanidad me estoy refiriendo a algo mucho más amplio que a nuestra especie desnuda, estoy aludiendo al hábitat y, como tal, al conjunto de factores materiales que la constituyen: sus objetivaciones, la realidad construida, la fuerza productiva, sus fetiches ideológicos (magia, religión, creencias, ideas) sus fetiches económicos (la mercancía, el dinero y el capital) sus medios de existencia, etc. En ese sentido, el perro se incorporó a la humanidad como también lo hizo el fuego, el utensilio, el caballo, etc


Y el lobo fue finalmente humanizado y perrizado: fue sometido a un proceso de selección artificial derivando en las más de 400 razas existentes en la actualidad. Cuvier anotó que se trataba del único animal que ha seguido al hombre en toda la corteza terrestre, primero como ayuda con vistas al sometimiento de otros animales, la cabra y la oveja, como rastreador de presas, como animales de tiro, como policías, como auxiliares de invidentes y tetrapléjicos, como artículo de ornamento, lujo y decoración y también como juguete infantil. La selección de razas ha sido inducida por la presión de la actividad económica y de la división del trabajo en cada caso y, finalmente, convertido en mercancía.


Ni existe ni ha existido nunca "Contrato Animal" alguno, siquiera implícito, ni conceptos antropomórficos similares que nos regalan el especismo y otras corrientes de moda. La relación hombre-perro carece de naturaleza jurídica y moral. Su base es socialmente económica y biológicamente simbiótica. Aunque en este último caso, el de la simbiosis, cabría aclarar que carece de naturaleza contractual. Si hubiera que establecer un símil con las relaciones sociales, podríamos aceptar que su naturaleza se encuentra más cercana a la institución de la esclavitud que la de los contratos entre iguales. Tampoco habría que idealizar la simbiosis como paradigma de cooperación al modo de Kropotkin puesto que si tuviéramos que designar a un animal simbiótico en nuestras relaciones interespecíficas, este no sería el perro sino la bacteria escherichia coli que se aloja por miles de millones en nuestro aparato digestivo.


A las distintas formas de domesticar la etología da su propio nombre, improntar, de imprinting, del denómeno que descubrió Henrioth con los gansos en 1.910, al que llamó “Prägung”, término procedente de la impresión de monedas. El estímulo recibido por los individuos de cada especie en sus períodos críticos provoca que los patrones conductuales innatos se adapten a cada entorno. Los perros, procedentes de los lobos, son animales sociales altamente jerarquizados y lo que comúnmente llamamos lealtad y fidelidad en un perro no es otra cosa que un mecanismo de sustitución del macho alfa de las manadas de lobos por el ser humano, desencadenado por el troquelado al que ha sido sometido durante el proceso de cría y domesticación.


La relación es bidireccional, como lo es la proyección hombre-perro. Si bien el dueño del perro ocupa el lugar del macho Alfa, el perro, a su vez, suele ocupar diversos espacios en el complicado universo del psiquismo y afectividad humana siendo objeto de diversas proyecciones humanocéntricas. Pero el perro, lejos de ser humano, sigue siendo un cánido, troquelado, pero un cánido a fin de cuentas. El hecho de que pueda ser capaz de distinguir muchos de nuestros códigos de símbolos y señales, de autoridad, de reproche, de afecto, no los convierte en animales simbólicos, o el de que tengan nombre propio, ese distintivo identitario que nos individualiza, no los transforma en sujetos sociales. Un perro es un compañero y un amigo, pero no es un hijo, tampoco es un juguete y, menos que nada, un jarrón, un florero o un objeto de decoración.

viernes, 8 de junio de 2012

La certeza y el error


El error es algo no es privativo de nuestra especie. El fundamento molecular y bioquímico de la evolución radica precisamente en una continua y gradual sucesión de mutaciones aleatorias en los genes o, lo que viene a ser lo mismo, de errores en la copia. Aunque, una vez situados en el contexto de la selección natural, ley fundamental del mundo viviente, se impone un continuo sometimiento a prueba y error. Lo que sucede en este caso es que el error se paga muy caro, al precio de la muerte del individuo antes de llegar a tener descendencia, por lo que sus genes se pierden, favoreciendo la selección a los individuos más exitosos en el sentido adaptativo del término.

Los humanos contamos con el bagaje cultural, conjunto de instrucciones necesarias para nuestra supervivencia que nos lega la cultura y que cada uno de nosotros interioriza como propio. Las mismas instituciones culturales contienen las normas que sancionan el acierto y el error, incluso el mismo proceso de aprendizaje consiste en una contínua corrección de errores.

Existen dos tipos de pensamiento, el lógico, racional y científico y el mítico y religioso. Lo que los distingue básicamente es que mientras el primero es un sistema abierto a la inducción, prueba y error, los segundos suelen ser sistemas cerrados y circulares que no requieren otra explicación que la que está sentada en sus premisas, su base es la tautología y, dado que su base es el dogma no aceptan el error siquiera como posibilidad remota. Los sistemas abiertos, en cambio, si bien formulan modelos explicativos estos siempre son provisionales al estar sujetos a la prueba, al error y a una nueva reformulación.

A nivel lógico o analítico gran parte de la información, por elemental que sea, integra la organización de un sistema de caracteres binarios. Los bytes de información cibernética se basan precisamente en la numeración binaria que recoge los caracteres 0 y 1. Pero nuestro sistema de información es a su vez analógica, en el sentido de que se estructura sobre la representación. De la combinación entre ambos sistemas binario-digital y analógico-representacional surge el intelecto humano. Por un lado nos encontramos ante la asimilación, por otro ante el discernimiento. La representación procede de una impresión sensorial, el discernimiento, por su parte, se nos presenta como un sistema binario (afirmación/negación) en virtud del cual se van desgajando los distintos niveles de error. La determinación, entendida como conceptualización, se puede concebir como un proceso a través del cual las distintas formas de representación analógica son esculpidas (seleccionadas, rechazadas, reelaboradas) por un sistema binario de selección de la certeza y rechazo del error.

El conocimiento humano es, en un 90 por ciento de sus casos, digital. La propia estructura digital del lenguaje humano nos puede hacer pensar que el mundo de las ideas es sustancialmente digital. Sin embargo, advertimos que las primeras escrituras fueron escrituras figurativas, alusiones representativas ligadas a imágenes presenciales de caracteres ideográficos, simbólicos No obstante, en el camino se insertan formas de percepción analógica.

La cuestión de la certeza, en cuanto a sus principios reguladores e informadores, no es únicamente aplicable al problema del conocimiento humano y de la cibernética. En un sentido amplio, se inscribe en la relación que guarda el organismo (viviente o social) con su entorno, a los modos de procesar dicho entorno, de incorporarlo y asimilarlo. Llevada a su extremo más radical, la cuestión del conocimiento y del discernimiento de la certeza es una mera cuestión de supervivencia. Por lo que se refiere al mundo viviente podemos asegurar que el camino de la selección natural está sembrado de errores dejados a lo largo y a lo ancho del camino, que cada organismo viviente es en sí el resultado de un cúmulo de aciertos consecutivos.

Los sistemas de selección de la certeza o de la verdad tomada en un sentido amplio meta-gnoseológico no tienen por qué coincidir con estructuras subjetivas, ya se trate de subjetividades orgánicas de tipo biológico o de subjetividades sociales de índole institucional.. El fenómeno ya apuntado de la selección natural se nos presenta como un sistema extra-subjetivo de selección de la certeza y de rechazo del error donde encuentra

Tras milenios de iluminación, especulación y escolástica se ha llegado finalmente a la conclusión de que la certeza no es ningún don celestial vedado a los no iluminados por el espíritu sino un criterio eminentemente práctico que casi nunca se inviste de la pureza de lo nítidamente claro, de las ideas claras y distintas a las que aludió Descartes, ya que en la mayoría de las ocasiones se encuentra acompañada de grandes nubarrones de incertidumbre, si no integrada en un complejo sistema de creencias a las que los racionalistas han dado en llamar supersticiones.


El hechicero que para curar una herida aplica un emplasto de hongos sobre la zona infectada desconoce totalmente el fundamento científico de la penicilina y los antibióticos. Él se limita simplemente a alejar el maleficio mediante un sistema de rituales que, acompañados por el emplasto como un elemento más,  producen efectos positivos en el enfermo. Bajo el ritual mágico todo tiene su campo de validez, emplasto, palabras mágicas indumentaria del hechicero y gesticulaciones. ¿es acertado o equivocado su proceder? Sin duda, la práctica empírica obtenida mediante los principios de inducción prueba y error se integra en un sistema bajo el que no encuentra operatividad alguna el paradigma racionalista. En cualquier caso, las relaciones causales en el pensamiento mágico, son como la de aquél personaje que aseguraba que mediante conjuros, sortilegios y un poco de arsénico se libraba de sus enemigos.       

El mundo de las matemáticas tiene algo de mágico. Los idealistas puros de las escuelas platónica y pitagórica vieron en él plasmada la esencia última de las cosas traducida a verdades matemáticas. En el resurgir de la filosofía de la época moderna vemos dos escuelas enfrentadas, dos paradigmas opuestos, el racionalista y el empirista. Los primeros veían como la razón se regía por estructuras extraídas del universo matemático, base necesaria para ordenar el mundo. Los segundos consideraban que solo la experiencia externa podía servir de base al conocimiento Fue Enmanuel Kant quien se encargaría más tarde de elaborar la síntesis, de indagar sobre las estructuras de la percepción. Para Kant los juicios obtenidos directamente del mundo matemático solo podían ser juicios analíticos a priori, en tanto que para averiguar la ecuación 2+2=4 o que la suma de los ángulos de un triángulo equivale a 180 grados no era preciso acudir a la experiencia exterior, mientras que los recabados a partir de la experiencia externa se clasificarían entre los llamados juicios sintéticos a posteriori. Entre ambas categorías podían hallarse formas intermedias de conocimiento, los juicios analíticos a posteriori y los juicios sintéticos a priori.  





Situados en otro ámbito,  el problema de la objetividad del conocimiento ha planeado en toda la historia de la filosofía, por lo que tendemos a confundir la percepción de la realidad a través de los sentidos con la realidad en sí misma, con el noumenon, como diría Kant 


En realidad el conocimiento no nació por el mero placer de pensar, sino como una necesidad inscrita en nuestra evolución y supervivencia: no pensamos por pensar sino para sobrevivir


En cierto modo, nuestra percepción sensorial es engañosa, es autocéntrica y egotista, el campo visual que se nos presenta es un orden de objetos situados espacialmente conforme a un haz en el que el sujeto ocupa una posición central y en el que las figuras geométricas se deforman por acción del campo de visión, la reducción del tamaño de los objetos es directamente proporcional a su proximidad o lejanía respecto del observador, lo que comúnmente se llama perspectiva.


Nuestra percepción táctil nos avisa del frío y del calor, pero nuestra estructura celular no alcanza a percibir las altísimas y bajísimas temperaturas pues sus límites vitales se enmarcan en la escala del agua, la escala centígrada y la temperatura de ignición es la de destrucción de nuestras proteínas, la de la combustión química del carbono y a esa escala, la diferencia entre mil y tres mil grados centígrados nos resultará obviamente la misma. 


Por otra parte, solo alcanzamos a vislumbrar aquellas magnitudes de onda del espectro luminoso y sonoro que entran dentro del ámbito de percepción de nuestros sentidos. Fenómenos como el de la persistencia de la retina nos inducen a error; el cine o los dibujos animados no reproducen realmente formas en movimiento, lo que reproducen es una secuencia o sucesión rápida de fotogramas o diapositivas que generan la ilusión óptica de movimiento contínuo. Y, ya que hablamos de cine, hay que decir que el campo de los efectos especiales es todo un arte encaminado a engañar los sentidos.


La secuencia temporal es también engañosa, solo percibimos un ínfimo lapso de tiempo que, no obstante, nos permite captar movimientos cuya velocidad entra en el campo de nuestras estructuras cognoscitivas. No podemos percibir la velocidad de la luz ni la de los acontecimientos geológicos. Vemos montañas inmóviles que, sin embargo, como pliegues del terreno, son formas en movimiento, tampoco podemos ver la formación de los valles, la erosión de las colinas y la deriva continental. 


La física llama infra-rojos o ultravioletas a las radiaciones que se encuentran por debajo o por encima de nuestro campo de percepción visual, ultrasonidos o infrasonidos a aquellos que igualmente exceden de nuestro ámbito de percepción auditiva, los prefijos “infra” o “ultra” aluden justamente a lo que se sitúa fuera de nuestra capacidad sensorial.


La realidad que captamos más que realidad es “nuestra” realidad, nuestra sensibilidad nos dice que la Tierra es plana, nuestra misma posición espacial nos induce a creer que existe un “arriba” y un “abajo” absolutos, cuando en el universo no existe ni el “arriba” ni el “abajo”, ni el delante ni el detrás, que nos apoyamos sobre la tierra porque pesamos, no por efecto de la atracción gravitatoria, nuestra percepción sensible no capta el movimiento de rotación de la Tierra, nos dice que el Sol “sale” por la mañana y “se pone “ por la tarde, que la Luna es más grande que las estrellas o que su tamaño sea análogo al del Sol, nos presenta un “firmamento” (expresión bíblica que denota fijeza o firmeza de las constelaciones) en forma de cúpula semiesférica (la cúpula celeste), nos dice que los meteoritos son “estrellas fugaces”, nos dice que existe el reposo y el movimiento absoluto.


Nuestro sistema de percepción no sirve para ver las células ni las moléculas ni los átomos, ni los quásares, ni las supernovas.


Al fin y al cabo, nuestra percepción auditiva, visual, táctil, gustativa y olfativa no es otra que la que necesitamos para vivir dentro de nuestro mundo, en el ámbito de nuestra actividad práctica, es análoga, aunque con importantes modificaciones estructurales, a la que precisan los primates arborícolas que para saltar de una rama a otra con un mínimo margen de error precisa percibir el espacio (visión binocular o estereoscópica), que ha de auxiliarse conjuntamente con los sentidos de la vista y el tacto manual para calibrar el peso y el tamaño de los objetos que recoge. No necesita ver un ratón a más de mil metros como las águilas (lo que por otro lado no tiene sentido alguno, ¿para qué va a ver algo que no puede capturar?), ni tampoco olfatear un rastro como los cánidos ni ver de noche como las rapaces y los felinos nocturnos. El primate vive en espacios cortos, su vida se desarrolla en el bosque, es omnívoro, por eso puede distinguir múltiples sabores y también diversos colores, la percepción visual les indica, antes de acudir al tacto, si la fruta está o no madura. Las estructuras de nuestra percepción sensible están asentadas en nuestro nicho ecológico, en el campo de acción de nuestra animalidad biológica.


Pablo Picasso tras distintas etapas llegó al cubismo. Quiso comprender toda la realidad, advirtió que la perspectiva realista anulaba la realidad y quiso construir la deformación propia que impone el reflejo de un mundo estático en un mundo dinámico: narices de frente y de perfil a un mismo tiempo, rostros desplegados..., en suma, la lucha implacable del mundo de tridimensional contra el mundo bidimensional. El autorretrato de Van Gogh solo mostraba la oreja derecha, ¿dónde estaba la izquierda?. El pintor, en un ataque de locura, intentó enmendar tal error arrancándose la oreja izquierda (parece ser que esta historia es un mito, aunque es altamente ilustrativa). Unos antropólogos tomaron contacto con una comunidad primitiva que desconocía al hombre blanco y, por tanto, la tecnología. Filmaron imágenes de los nativos en su vida cotidiana y luego hicieron una proyección con todos sus protagonistas: ¿qué advirtieron? por un lado, el avance tecnológico no les llamó mucho la atención, pero había algo que les preocupaba y hasta les causaba pánico e inquietud: observar su imagen incompleta; los miembros que salían fuera de la pantalla, las medias caras, ¿estaban mutilados? Pero en el instante en que volvían a salir de cuerpo entero se tranquilizaban: el encuadre bidimensional de las imágenes limitaba su realidad, la relación mental realidad/símbolo que impregna el alma primitiva como dos aspectos de una misma realidad prevaleció sobre cualquier otra consideración.


Aparte de las consideraciones anteriores, el hombre posee un instrumento, la ciencia, a través del cual puede, si no captar la realidad objetiva en su totalidad, al menos, aproximarse bastante a ella, pero tambien la ciencia está condicionada, está condicionada e incluso limitada por sus propios paradigmas, ya lo puso de manifiesto Kuhn en la estructura de las revoluciones científicas y así estamos hasta ahora, en que la cuántica y el relativismo han acabado jodiendo al sentido común, es decir, al realismo aristotélico propiamente dicho